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	<title>CHASQUI revista latinoamericana de comunicación</title>
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		<title>CHASQUI revista latinoamericana de comunicación</title>
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		<title>Desinformación y reconocimiento: Dos nuevas categorías en la sociedad actual</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Aug 2009 15:35:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chasquirevista</dc:creator>
				<category><![CDATA[El personaje]]></category>
		<category><![CDATA[cibercultura]]></category>
		<category><![CDATA[Néstor García Canclini]]></category>
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		<description><![CDATA[Néstor García Canclini nos recibió en su estudio de San Ángel, en ciudad de México, en donde conversamos sobre el rol de los consumidores, creadores, receptores, medios masivos y ciudadanos en esta cultura tecnológica y virtual, que vivimos actualmente.


¿Cómo se dan las nuevas formas de entrar y salir de la tecnomodernidad y de la cibercultura?
Hay [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=chasquirevista.wordpress.com&blog=2847369&post=58&subd=chasquirevista&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Néstor García Canclini nos recibió en su estudio de San Ángel, en ciudad de México, en donde conversamos sobre el rol de los consumidores, creadores, receptores, medios masivos y ciudadanos en esta cultura tecnológica y virtual, que vivimos actualmente.</p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-60" title="García Canclini" src="http://chasquirevista.files.wordpress.com/2009/08/dscn7414.jpg?w=300&#038;h=225" alt="García Canclii" width="300" height="225" /></p>
<p><span id="more-58"></span></p>
<p><strong>¿Cómo se dan las nuevas formas de entrar y salir de la tecnomodernidad y de la cibercultura?</strong></p>
<p>Hay muchos cambios. La misma noción de modernidad ha cambiado, no solo por las transformaciones tecnológicas, sino porque el conjunto de fenómenos, al cual se denominó, vagamente como posmodernidad, ha cumplido su ciclo. Me parece que muy pocos autores sostienen que estamos en una época posmoderna. En cierta manera, se ha recuperado la problemática de la modernidad en un nuevo registro y en un proceso, desde luego, transformador por los cambios tecnológicos: la digitalización, los distintos tipos de globalización económica, financiera, política y cultural. Evidentemente, hablar de modernidad ahora no puede significar lo mismo que en la época del liberalismo clásico de la teoría de la dependencia. En esos procesos, uno de los cambios importantes que ha habido en relación con la comunicación es lo que podríamos denominar el pasaje del predominio del consumo localizado a las múltiples formas de acceso.</p>
<p>En la segunda mitad del siglo XX hubo una extraordinaria expansión de los estudios sobre consumo cultural. Primero en EEUU, en países anglosajones, desde las viejas tendencias de estudios sobre usos y gratificaciones o públicos de espectáculos, de museos, de televisión, hasta los más recientes trabajos de los 80 y 90 en América Latina, que contribuyeron a repensar, inclusive, el esquema mundial de investigación sobre estos campos.</p>
<p>En general, esos estudios sobre consumo se referían a consumos localizados. Sobre todo vemos, cuando no se referían a instituciones territorializadas, ubicadas en una cierta zona de la ciudad, también eran consumos, hasta cierto punto, delimitados territorialmente, porque se leían sobre todo los escritores del propio país o de la propia lengua pero que tenían más distribución internacional o se accedía casi exclusivamente a la tv del mismo país o a la radio de la propia ciudad. Esos mismos medios audiovisuales de la generación anterior a la expansión comunicacional ya se han globalizado, pero además aparecen las otras redes, como Internet, que contienen a los otros medios. Estas otras redes no tienen la localización única, territorial, no son enteramente desterritorializadas tampoco; a veces uno puede identificar su origen, sus preferencias, en las inmersiones que las alimentan y los públicos a los cuales se dirigen.</p>
<p>Pero hay un modo distinto de relacionarse con los bienes culturales que podemos simplificar en esta idea del desplazamiento del consumo o de los consumos predominantemente territorializados al acceso diverso a redes con parcial localización pero desterritoriales.</p>
<p><strong>Hay quienes dicen que hablar de consumo es ser mercantilista y muchos comunicadores van en contra de esa propuesta. ¿Cuál es su opinión?</strong></p>
<p>Es una vieja discusión. Ya en los años ochenta los estudios que se hicieron en América Latina, en Inglaterra, en Francia, distinguieron entre consumo de bienes materiales y consumos simbólicos, y se reconoció la importancia de la dimensión simbólica no monetaria o no mercantil en los procesos de consumo.</p>
<p>Las discusiones más interesantes fueron las que llevaron a nombrar los procesos de consumo como procesos de apropiación, recepción, a buscar otro tipo de nombres que reconocieran el papel activo de los consumidores. En rigor, en las teorías contemporáneas del consumo, también se habla de que el consumidor no es un ser pasivo, sino un actor que ni siquiera está al final del proceso de producción-circulación, sino que a veces puede generar producción… Se habla del reciclaje, del uso del consumo como un momento creativo que desencadena nuevos ciclos en la circulación de los bienes.</p>
<p>Un Dj, por ejemplo, toma un producto que preexistía como disco, pero con eso crea otro que podemos decir surge del consumo, del acto de usar el disco, pero genera otras grabaciones de esa experiencia, un prestigio, una circulación del propio Dj como actor cultural. Entonces, lo que vemos es un proceso más bien circular, poco centralizado, en el cual los distintos aspectos del consumo cultural, tanto material como simbólico, se reordenan constantemente como destinos y como iniciadores de los procesos culturales.</p>
<p><strong>Pasamos de la cultura masiva a la tecnocultura y de ésta a la cibercultura, ¿Cómo colaboran los medios masivos para que los ciudadanos y habitantes de estas sociedades se inserten a cada una de estos ámbitos, y cómo hacen para excluirlos?</strong></p>
<p>No me gustaría hablar de los medios masivos como actores solos. Hay mucha bibliografía que registran las investigaciones en las cuales se ve a los medios masivos como parte de un conjunto completo de procesos culturales en los que intervienen la escuela, la familia, las redes sociales, comunitarias o de amigos, ciudadanas…</p>
<p>Tomemos un caso que es la relación entre los medios y la escuela. En cierto modo, una novedad de las últimas décadas es cómo estos actores se disputan la formación de ciudadanos, en la cual la escuela tenía el papel casi exclusivo, al menos el Estado así se lo atribuía, en la primera mitad del siglo XX. La escuela tenía la tarea de ocuparse de formar ciudadanos, de habilitarlos en el conocimiento de la historia nacional, las responsabilidades públicas y de ese modo permitía insertarse en los procesos sociopolíticos, culturales y aún socioeconómicos. Los medios la vinieron a reemplazar, no totalmente, sino más bien compitiendo con ella.</p>
<p>Suele verse críticamente este papel de los medios porque, efectivamente, la violenta mercantilización de la radio, la tv, el cine, ha llevado a que su papel educador no sea muy apreciado o vaya en direcciones que no son propiamente las de formar ciudadanos, al menos como se lo entendía desde una concepción ilustrada y democrática. Pero también hay que pensar en la escuela, porque lo que ha ocurrido con ella, en casi todos los países de América Latina, es que pasó de estar centrada en la cultura letrada a una escuela donde llegaron las computadoras y los maestros no sabían qué hacer, y que vio la aparición de los medios audiovisuales de comunicación como una amenaza, una enemiga y por lo tanto los excluyó.</p>
<p>Los maestros aprenden con dificultad cómo manejar los programas, las enormes oportunidades de comunicación, de edición, de instrucción, de acceso a bienes educativos y culturales que ofrece Internet y la computadora, pero con la dificultad de que no se incluyó en la currícula escolar la etapa de los medios audiovisuales. Desde luego que no se puede resolver ese hueco simplemente saltando a las computadoras, que nos ofrecen información en varios registros.</p>
<p>La escuela no supo enseñar, salvo excepciones, cómo relacionarse con esos medios. Los jóvenes fueron aprendiendo en la sociabilidad generacional fuera de la escuela, en el trato directo con esos medios.</p>
<p>Llegamos a una situación compleja cuando la noción de ciudadanía se ha vuelto un proceso dudoso, o sea, cuánto podemos cambiar desempeñándonos como ciudadanos. La escuela tiene muy poco que decir acerca de cómo usar los distintos recursos de información, de organización de las demandas y los deseos de las prácticas sociales con vistas al interés público y, por otro lado, la fuerte privatización de gran parte del sistema escolar que tiende a formar más expertos que ciudadanos, técnicos simplemente y la mercantilización agresiva de los medios que suele desinteresarse de lo público, llevan a que la colaboración entre los distintos actores sea muy difícil. Me parece que hay una responsabilidad compartida en estas deficiencias.</p>
<p><strong>Pero algunas instituciones han adecuado los medios para la instrucción formal. ¿Por qué no tienen éxito los programas masivos de educación a distancia que utilizan estos medios: Internet, la TV, por parte de los estados?</strong></p>
<p>Hay muchas razones. Una es que la gran cantidad de programas de aprovechamiento de la televisión o de los recursos audiovisuales se han hecho sin suficiente capacitación tecnológica, sin capacidad de insertarse en las posibilidades de esos mundos y subordinando muchas veces a criterios de la cultura letrada lo que se quería transmitir, el modo de organizar la información, el saber. Luego, también ha habido, por parte de los ministerios de Educación y de los gobiernos, una baja captación del poder educador de los medios y de la necesidad de reformar el sistema educativo y capacitar a los actores educativos para esa nueva etapa.</p>
<p><strong>¿Se necesita una alfabetización digital, una alfabetización en medios, previa, a los docentes para luego hacer una alfabetización con los educandos y los ciudadanos?</strong></p>
<p>El término alfabetización no me gusta mucho, porque sugiere una adquisición muy elemental de los lenguajes, sea escrito o audiovisual. Preferiría hablar de una educación audiovisual y digital. La experiencia que tenemos de unos 20 años con Internet y las computadoras que se han instalado en las escuelas, muestra que es muy difícil seguir un proceso por etapas.</p>
<p>De acuerdo con la educación tradicional, primero había que formar a los profesores para que ellos, luego, se preocuparan de transmitirlo a los educandos. Ahora ellos enseñan a los maestros. Lo que habría que hacer es que todos aprendan de manera simultánea. Esto no quiere decir que debamos olvidar que los maestros tienen una habilitación mayor a ciertos temas o a cierta capacitación para organizar lógicamente los contenidos de la educación, por su largo aprendizaje. Eso es una ventaja, pero hay que reconfigurarla en la nueva relación que establece el acceso diversificado a muchísimas ofertas culturales que vienen envasadas de esta manera en Internet.</p>
<p><strong>Hace pocas semanas Alejandro Piscitelli dijo en una entrevista que el docente debería ser como Dr. House, John Locke o Michael Jackson, ¿el sistema educativo está preparado para estos perfiles de un docente que sea más cuestionador que solucionador de problemas y que además utilice toda la parafernalia espectacular para llegar mejor a los estudiantes?</strong></p>
<p>En parte es una sugerencia útil pero me parece que uno podría hacer varias aclaraciones:</p>
<p>La primera es que ciertos hallazgos de espectacularización, de seducción mediática, que uno encuentra en estos personajes de los medios ya existían anteriormente en cierta literatura que se publicaba solo en papel, desde los autores de las novelas de folletín del siglo XIX hasta figuras como Umberto Eco o Susan Sontag que supieron incorporar a sus mensajes las estrategias comunicativas de fascinación de los lectores o de las audiencias en otros medios.</p>
<p>La segunda aclaración es que la tarea de la escuela y de los medios llamados culturales, como la televisión cultural, que no es una denominación muy feliz,  tendría que mostrar a las audiencias y a los alumnos que el mundo no acaba en la pantalla, y que a veces acaba mal, como le ocurrió a Jackson, que hay otros mundos posibles, que hay otros modos de revisar el lenguaje, las relaciones entre cultura y espectáculo, entre novela y video. La tarea de la educación en la actualidad es, en gran medida, cómo usar esa enorme oferta que vienen en todos los servicios digitales, cómo orientarse en ese universo donde es difícil discernir. Y a su vez, la posibilidad de crear con esos recursos. La concepción misma de crear ha cambiado, a partir de estos nuevos formatos e intermediarios.</p>
<p><strong>En un texto suyo se lee que lo colaborativo es propio de lo artesanal, en donde no hay un autor sino que lo que importa es la obra. Es decir, la colaboración y el trabajo especializado generan una obra definida. Esta concepción de volver a lo comunitario se recoge en las posturas de la cibercultura, como un elemento constitutivo de ella. A pesar del desarrollo tecnológico, esta práctica del trabajo en equipo nos regresa hasta antes de la existencia del erudito, que lo sabía todo y lo podía todo. ¿Llegamos a una anulación completa del autor y al nacimiento de un conglomerado que crea, como dice Derrick De Kerchove y Howard Reinghold?</strong></p>
<p>La idea de que el autor ha muerto tiene varias décadas; desde los 70, algunos estructuralistas y postestructuralistas lo han argumentado, pero siguen habiendo autores.</p>
<p>La pregunta convendría modificarla: ¿Cómo existían los autores antes y cómo existen ahora?</p>
<p>Antes hubo una idealización del autor-dios, que creaba de la nada, que sacaba un nuevo objeto, un libro, una película y ofrecía algo que nunca había existido. En rigor, es una noción idealista, endiosadora de una figura que siempre ha tenido una posición social.</p>
<p>Uno de los autores más imaginativos, que también ha cuestionado la noción del autor, Jean Luc Godard, no creó de la nada; sus películas están repletas de citas, en primer lugar de Brecht.</p>
<p>Este autor del arte pre digital o pre electrónico, del arte de la cultura letrada, de las novelas, los poemas hasta la cultural audiovisual, también era un autor que condicionaba, que estaba en la trama de una sucesión de procesos, que pensaba en el editor que lo podía publicar, en los lectores que podían leerlo, aunque fueran lectores imaginarios. Ahora, seguimos teniendo autores, seguimos buscando autores que nos guíen. Los medios también proponen la existencia de autores o de figuras iniciadoras. La idea de originalidad se ha contagiado a los medios.</p>
<p>Sin embargo, las condiciones de la autoría se han modificado. Una es el autor marca; ciertos autores que han escrito best sellers y luego han sido filmados son marcas, la gente espera la nueva novela y su película, pero también está otra autoría más compleja, que es la autoría empresarial; la mayor parte de los públicos, del cine y telenovelas o incluso de videos en youtube, buscan el sitio en el que van a encontrar lo que esperan o lo que les gusta o confían en que ciertos productores o distribuidores les van a ofrecer lo que les van a dar placer en lugar de al autor intelectual.</p>
<p>Es curioso como el papel del director y de los guionistas en los anuncios de las películas ha disminuido; lo que crece es el nombre de los actores y de las divas, así como de la productora.</p>
<p>Si vemos un partido de fútbol en México, el comentarista dice frecuentemente que, al repetir una imagen muy lograda de un jugador, esa es la imagen Televisa, como en Brasil sería la imagen Globo.</p>
<p>El logo de la empresa aparece con una capacidad autoral de garantía, de calidad, de innovación, asociada al éxito, a la felicidad de una jugada futbolística o de una telenovela exitosa. Hay una reconfiguración en el sentido de la noción del autor, pero yo no diría que desapareció la función autoral. Quizá hoy es más evidente que hace 30 años que la figura autoral es una figura dependiente de otros que tienen que intervenir.</p>
<p><strong>¿Cómo sería un autor alternativo, por fuera de la empresa, de la marca?</strong></p>
<p>Hay también la noción de lo alternativo que se ha modificado mucho. Es muy polisémico, porque va desde los movimientos sociales y culturales como las ONG y los grupos teatrales independientes que quieren ser alternativos respecto de la cultura oficial hasta las apropiaciones y resignificaciones de lo alternativo por poderes hegemónicos. Hollywood nos propone líneas alternativas de thrillers, de espectáculos, y recurre a realizadores asiáticos, apropiándose de otros tipos de procedimientos y figuras autorales no tradicionales de esa cultura.</p>
<p><strong>Entonces, lo establecido busca a los alternativos para incorporarlos al sistema…</strong></p>
<p>Sí. Hay un gran tema en la teoría social actual, que es repensar las nociones de inclusión y exclusión.</p>
<p>En la primera modernidad habíamos supuesto que lo deseable era incluir a todos, al menos a las mayorías, que todos tuvieran vivienda, alimentación, salud, educación, acceso a la creatividad. Hoy no solo ha aumentado el número de excluidos, sino que ha pasado a naturalizarse esa exclusión, a verse como la forma en que el sistema debe funcionar.</p>
<p>¿Qué respuesta ha habido desde la sociedad? Siguen existiendo demandas para ser admitidos, para ser incluidos en las escuelas, en las universidades, para tener acceso a los medios masivos de comunicación, para que se democratice la oferta hegemónica, pero hay un enorme sector de grupos jóvenes que no les interesa esa inclusión y que optan por redes informales, por la piratería, que construyen alternativas de creación, de comunicación y recepción fuera del sistema hegemónico.</p>
<p>En ese sentido, lo que observamos a partir de las últimas encuestas sobre jóvenes, es que un altísimo porcentaje, más del 70% en México consigue trabajo en el sistema informal, no legal; consumen lo que se llaman productos piratas o descargan de la Red. Se sitúan en la sociedad tratando de reproducir su vida y la vida de su grupo sin tomar en cuenta las ofertas hegemónicas y sin preocuparse por disputar una democratización más justa de esos bienes.</p>
<p>Lo alternativo empieza a ser algo hecho al margen, al costado, y con ignorancia del sistema. Dadas las cifras tan altas, esto deja de ser marginal, en el sentido que lo entendía la teoría de la marginalidad de los años 70, y pasa a ser un fenómeno constitutivo de la reproducción social, que además tiene muchas relaciones con el sistema hegemónico. A veces estas relaciones son ocultadas o ignoradas, pero como sabemos gran parte de la piratería está manejada por mafias que son, en muchos casos, las que manejan las salas de cine y las distribuidoras internacionales de películas.</p>
<p>Esto se vuelve más complejo al momento de redefinirlo en la Red. ¿Qué es alternativo y qué no lo es? Escenas oficiales incorporadas a las campañas políticas preelectorales de los partidos políticos en youtube, junto con las sátiras que hacen grupos poco conocidos de esas mismas situaciones de la corrupción o de la descomposición como sistema político. Esas barreras, esas fronteras, que veíamos más estructuradas entre los incluidos y los excluidos se han movido mucho, y hay muchos que no desean ser incluidos.</p>
<p><strong>Las fronteras entre popular y alta cultura estaban completamente delimitadas. En la cibercultura esa frontera está difuminada, a pesar de que utilizan los mismos instrumentos y modos. ¿Cómo vemos que estas formas alternativas funcionan y van creando poéticas nuevas y diferentes?</strong></p>
<p>La noción de popular ha perdido eficacia hace mucho tiempo, se ha ido reconfigurando. Yo no digo que haya perdido totalmente su sentido, pero cuando vemos que se denominan partidos populares algunos que han obtenido el 2% del electorado o que las audiencias se fragmentan en muchas minorías, la noción de lo popular no tiene ya ni el carácter asociado a lo folclórico, a lo tradicional que tuvo hace muchos años, ni el carácter de lo popular masivo que adquirió en el período de hegemonía de los medios audiovisuales como la radio y la tv, o que tiene en inglés; cuando se habla de pop culture se piensa en soap opera, en los medios, no en la cultura artesanal.</p>
<p>En la actualidad ninguna de las dos funcionan mucho, siguen actuando pero la noción de lo popular ha perdido eficacia productiva a nivel de conocimiento. Me parece que esto tiene que ver con el cambio en los circuitos de comunicación, en los lugares donde se informan y se entretienen los sectores que antes llamábamos populares y que a veces no son muy distintos de los hegemónicos. Desde el punto de vista económico y educativo, tiene que ver con dos hechos: la transnacionalización de todos los bienes culturales, tanto los que llamábamos de alta cultura como los populares, y la subordinación a lógicas mediáticas de bienes culturales tradicionales, folclóricos, masivos, de la cultura letrada, de la cultura escrita o audiovisual, y también con el modo en que se han reconfigurado las relaciones entre totalidad y fragmentación en la cultura de todos los sectores y estratos de la sociedad.</p>
<p>Casi ya no existen amplios sectores sociales que creen totalidades únicas, con un acceso más valioso a obras completas, por ejemplo. Todos escuchamos movimientos aislados de una sinfonía en radio, cuando vamos en el coche, todos disfrutamos fragmentos de una novela que no leemos completa y esto ha dejado de ser un estigma. En la enorme diversidad de ofertas, en el enriquecimiento de la cultura contemporánea, a veces tiene menos importancia el conocimiento completo de un autor, de una obra, que todavía tiene valor para algunos, que la diversidad de conocimientos, de informaciones, el acceso a lo más reciente, lo in o lo más valorado por los muchos grupos a los que uno pertenece.</p>
<p><strong>Dentro de estos muchos grupos, ¿cómo ha potencializado Internet la creación de redes de lo que era antes, cómo funciona esto de la hibridación, también, y de la inclusión y exclusión?</strong></p>
<p>La abundancia y la diversidad de Internet han favorecido una desjerarquización de los bienes culturales. Hace 20 ó 30 años, algunos podían sentir conflicto entre sus preferencias por las telenovelas y sus preferencias por Borges. Hoy nos movemos con mucha fluidez entre distintos escenarios que antes denominábamos cultos y populares, y esto se ve, por ejemplo, aún en los circuitos que siguen manteniendo una estructura terminantemente localizada y tradicional de reproducción de la cultura, como las galerías y los museos de arte. Las galerías tienen una función no solo mercantil sino de consagración de las tendencias artísticas, pero los especialistas más sofisticados, aún los que más viajan, se enteran de lo que sucede por Internet. Esto no solo tiene que ver con el uso que hacemos de Internet, sino en el modo mismo de organización de la cultura letrada.</p>
<p>Yo comencé a seguir la publicación más importante de arte contemporáneo hace pocos años. Al principio me llamó la atención que cada vez más disminuía el número de páginas dedicadas a artículos o a reseñas dedicadas a exposiciones y aumentaba el número de páginas de publicidad, hasta que llegué a comprender que la publicidad de las galerías de todo el mundo es un modo de informarse, y esa revista se ha reconfigurado con una lógica que no es la de las revistas libro; entonces habitamos un universo de información multimedial donde sabemos lo que hay en galerías distintas, porque entramos en los sitios de la galería o del museo en Internet, porque vemos las obras de los artistas en sus páginas digitales o porque las propias publicaciones más especializadas y valoradas por el campo artístico mezclan publicidad con información, con opinión, con imágenes, en un vértigo informativo que es el modo actual de saber qué pasa.</p>
<p><strong>En el capítulo “Poderes Oblicuos” de Culturas híbridas, Ud. hace una referencia al nacimiento de Inodoro Pereira, muy similar al del Martín Fierro y anota que Pereira dice, al negarse a la invitación de ir a las tolderías: “A esto ya me parece que lo leí en otra parte y yo quiero ser original”. Con esta declaración del personaje del negro Fontanarrosa, recuerdo lo opuesto que escribió Borges cuando su personaje Pierre Menard redacta en otro tiempo y en otra realidad el mismo texto del Quijote. Fontanarrosa proviene de la literatura, del mundo gráfico, de los medios; Borges, de los libros, de la filosofía. Milan Kundera dice que lo importante es la obra y no la persona, tanto Borges como Fontanarrosa están en lo correcto, pero ¿quién de los dos encajaría mejor en la cultura actual y por qué?</strong></p>
<p>Los dos. Porque en cierta manera, ambos registraron una misma preocupación: el agotamiento vanguardista de la novedad.</p>
<p>Fontanarrosa lo hizo de un modo irónico, colocándolo en un gaucho, en la reelaboración del estereotipo del gaucho que él lo construyó magníficamente. Y Borges, en Pierre Menard, un hombre culto y en referencia de un texto fundacional de la cultura occidental.</p>
<p>Pero Borges también anticipó Internet en El Aleph y en otros relatos. Es conocido en muchos estudios sobre la cibercultura, como un anticipador. De manera que los dos encajan y de un modo parecido, con ironía, burlándose de la manía por la originalidad, en un mundo donde la originalidad absoluta está demostrada que es imposible.</p>
<p><strong>Las colecciones y los territorios son establecidos por los poderes, ¿qué hacemos cuando navegamos por los mapas de fotos satelitales y entramos a Machu Picchu, a la Ciudad Prohibida de Pekín o al Vaticano para ver lo que el tiempo y el espacio antes nos negaban? Somos libres con Internet o es un itinerario preconfigurado ya por la autoridad que diseñó este camino, simulando lo que Borges hizo en su cuento “El jardín de los senderos que se bifurcan”…</strong></p>
<p>Borges tuvo la maestría de advertirlo como fenómenos que se volverían evidentes en la cultura contemporánea. También me gustaría agregar que se anticipó en sus juegos de indecisión, de indefinición entre original y copia. Una de las consecuencias más rotundas de Internet sobre la cultura ha sido desdibujar la diferencia entre el original de la copia y esto Borges lo convirtió en fuente de creatividad, de burla, de un gesto de humor culto, pero que hoy puede ser entendido por muchos lectores no muy entrenados, jóvenes, djs, quienes manejan Internet con soltura pueden entender a Borges con mucha claridad.</p>
<p>El autor es una posición dentro de un circuito, de una red social, y quizá, podríamos decir que logra ser autor en la medida en que hace un giro no previsto, no realizado hasta ese momento. Pero un autor lúcido sabe que esa innovación va a ser modificada inmediatamente desde el momento en que cuatro lectores conozcan el texto y lo interpreten de manera distinta o se les ocurra modificarlo.</p>
<p>Quizá Borges tuvo la singularidad de ser uno de los últimos autores de los cuales es difícil escribir como él. Me decía hace poco un músico que es muy fácil escribir música a lo Mozart. Se carga en la computadora las 1800 partituras, se las combina y sale la música, pero con Borges es un poco más difícil y parece que hay algo que él había logrado y que no es tan fácil de reproducir. No vamos a pretender que Borges haya logrado el absoluto, pero muchísimos, si se lo proponen, pueden hacer textos al modo de otro. Rayuela fue un hallazgo en un momento no inaugural pero fue sorpresivo en la literatura internacional porque presentó una manera de articular fragmentos, de combinarlos, con una mayor libertad del lector y generó una serie de rayuelitas…</p>
<p>El autor sigue siendo importante como ese momento de transición, no de innovación plena, pero sí de reformulación de un estado y de un modo de comunicarse.</p>
<p><strong>¿Ocurre lo mismo con el autor académico?</strong></p>
<p>Pocas veces, y cada vez menos. Uno mira el panorama teórico, porque la innovación en ciencias sociales tiene que tener una dimensión teórica, pero estamos desamparados de teoría. Después de Habermas, de Bordieu, de Foucault… no ha habido grandes transformaciones teóricas; hay ensayos, aproximaciones.</p>
<p><strong>En Lectores, espectadores e internautas, Ud. incursiona en la cibercultura, pero ¿qué es y qué significa para América Latina la Sociedad de la información y del Conocimiento?</strong></p>
<p>Primero, no sé si llamarla Sociedad de la Información o del Conocimiento. Prefiero la segunda denominación. Me parece que la idea de que estamos en una sociedad de la información refiere solo a datos, a referencias muy precisas, a registro de hechos. Sociedad del Conocimiento implica modos de conocer, de organizar el saber, de organizar los datos y las interpretaciones.</p>
<p>Cuando pasamos de la noción de sociedad de la información a sociedad del conocimiento, entre otras ventajas está la de no creer que poniendo computadoras en todas las escuelas y para todos los alumnos se va a saber mejor.</p>
<p>Los problemas del conocimiento, las decisiones epistemológicas, los modos de articular los datos y combinarlos implican procesos mucho más complejos. En una conferencia que di el año pasado en España, al conformarse la Asociación Iberoamericana de Comunicación, se me ocurrió agregarle dos fórmulas más a información y conocimiento, y pensar en qué medida también estamos en la Sociedad del Desconocimiento. Hay enormes estrategias transnacionales para fomentar la ignorancia de lo que sucede. Esto ha sido trabajado hace muchas décadas, cuando se establecieron las agendas de la selección de la información en los noticieros y las programaciones de televisión, pero ahora aparecen como estrategias mucho más elaboradas.</p>
<p>La guerra de Irak, la puesta en escena que se hizo en Naciones Unidas para tratar de demostrar con pruebas d que había armas de destrucción masiva, por lo tanto se justificaba la invasión, se ha repetido en muchísimos pueblos. Recuerdo lo que ocurrió en Madrid con las bombas en los trenes de cercanías, cuando el gobierno trató de convencer, primero a los directores de los medios a los que convocó y, luego, a la población española de que era un atentado de ETA; fue muy interesante en ese caso, no siempre, que los teléfonos celulares, los móviles, se usaron para crear una contrainformación que llevaron a sospechar de la información oficial y más bien daban evidencia de que había sido Al Qaeda. Pero lo que vimos ahí fue una estrategia del gobierno de Aznar, reproducida durante un día por periódicos españoles y por la tv, para generar desconocimiento.</p>
<p>Agrego una cuarta línea, que es lo que llamaría, a partir de Paul Ricouer, la sociedad del Reconocimiento. Cómo el conocimiento puede servir no solo para informarnos sino para reconocernos de otra manera. En una época de intensa interculturalidad este aspecto es fundamental. No es posible pensar que vamos a resolver ninguno de los problemas sociales si lo vemos en términos de Sociedad del Conocimiento. Hay ahí un gran abismo, todavía no sabemos cómo pensar el Reconocimiento; la ubicación de los procesos del saber son múltiples y no son iguales entre oriente y occidente, entre académicos y ciudadanos, en relaciones interculturales que permitan una convivencia, una cohabitación inteligente.</p>
<p><strong>Este reconocimiento, alude a lo que dice Omar Rincón acerca de las nuevas sensibilidades en los medios, de los negros, de los niños, de los indígenas, es decir, una particularización de la realidad que nunca fue visible, reconocerlas y tenerlas presentes. Conocemos de manera general sobre las culturas, pero cuando estamos inmersos en ella no sabemos manejarnos y no la comprendemos ¿Esa sería la nueva forma del reconocimiento?</strong></p>
<p>Hay que desarrollar esa línea de trabajo. Quizá con algunas precauciones. En primer lugar, reconozcamos que ha habido una diversificación de la oferta cultural. Ya la televisión no dice lo mismo en todos los canales. Es cierto que los canales gratuitos se parecen mucho entre sí y compiten por hacer peor lo mismo que tiene más rating… Pero si uno accede a la televisión de pago, de cable, sí podemos tener la programación diversificada, incluso de varios países e idiomas, que no dicen lo mismo que los canales nacionales.</p>
<p>Tengo amigos que odian la tv desde una mirada culta y solo ven canales gourmet, entonces encuentran su lugar en la televisión y así hay canales para todas las audiencia. No deja de asombrarme que hay canales que pasan las 24 horas dibujos animados manga y animé, entonces me preguntó dónde están los niños y jóvenes que no duermen. El riesgo es que esta diversificación nos lleve a una concepción parecida a la del urbanismo multiculturalista de los barrios segregados, como ocurrió en EEUU. Se creyó resolver, en el siglo pasado, el problema de la multiculturalidad al poner a chicanos en un barrio, a afros en otro, a los portorriqueños, y así, a los chinos, coreanos y eso fracasó.</p>
<p>No se trata solo de que tengamos canales para todos los gustos, incluso para los sectores que todavía no están representados como los indígenas, que casi nunca tienen posibilidad de manifestarse en las pantallas, sino de ver cómo trabajar en la convivencia obligada, realmente existente en todas las sociedades, que no solo son multiculturales sino interculturales. Uno de los grandes desplazamientos de agenda de las ciencias sociales ha sido pasar de la celebración de la multiculturalidad a enfrentar la interculturalidad. Tenemos que vivir en ciudades donde se hablan muchas lenguas, en donde pueden ocurrir atentados por grupos fundamentalistas  muy alejados, donde también tenemos oportunidades de informarnos y enriquecernos con culturas igualmente alejadas.</p>
<p><strong>Pero la tv pública  y  los medios de señal abierta deberían incorporar eso o solamente sería espacio para la tv de pago, porque allí entraríamos nuevamente a la inclusión-exclusión o a lo que se llama la brecha…</strong></p>
<p>Sí, a mí me parece indispensable que haya una regulación de la televisión gratuita, es decir, de la comercial. Existe, pero es ineficaz y de mala manera. Existe cada vez mayor regulación en tiempos electorales, existe para otros temas, pero no hay una efectiva elaboración en debates; no en mesas redondas aburridas, sino en debates que asuman el lenguaje y la dinámica televisiva de lo que está sucediendo. En ese sentido la tv se está quedando atrasada con respecto a la Red.</p>
<p><strong>Entonces la tv no estaría en la Sociedad del Conocimiento…</strong></p>
<p>No. O muy segmentariamente y, a veces, de manera excepcional. La tv tiende a cerrarse a la especulación mercantil del tiempo y al manejo de las audiencias y no ve otra posibilidad hasta ahora. Y por otro lado está la autorregulación de los mercados, que debe ser una regulación hecha desde organismos públicos independientes, y no que representen la voluntad de un gobierno, sino que sean escenarios de control y gestión desde lo público.</p>
<p><strong>¿Cómo recuperar, con la presencia de la tecnología digital, los espacios públicos, no solo los físicos sino los virtuales?</strong></p>
<p>Es una cuestión abierta y poco segura para moverse, porque lo primero que observamos es que la gran reconfiguración de los públicos que produjeron las tecnologías audiovisuales como la radio y la tv ha sido radicalizada por Internet. Hoy se recombinan múltiples pertenencias, se han debilitado las afiliaciones nacionales, las culturas, pretendidamente homogéneas y compactas de cada nación, y todos pertenecemos a varias culturas a la vez, dentro de la misma nación y por la información y el entretenimiento que recibimos de lugares alejados. La propia noción de comunidad o espacio público cambia al no ser solo territorial. Lo público no puede reducirse a la ciudad o la nación, lo público es transnacional.</p>
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			<media:title type="html">García Canclini</media:title>
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		<title>“Debemos denunciar la estructura deshumanizante y anunciar la estructura humanizante”</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Jan 2009 21:20:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chasquirevista</dc:creator>
				<category><![CDATA[A fondo]]></category>
		<category><![CDATA[El personaje]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación para el desarrollo]]></category>
		<category><![CDATA[Juçara Brittes]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Ramiro Beltrán]]></category>
		<category><![CDATA[PNC]]></category>

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		<description><![CDATA[Entrevista en la que Luis Ramiro Beltrán expone los inicios de lo que son las Políticas Nacionales de Comunicación, su "tortuoso" desarrollo y el futuro para América Latina en esta materia.<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=chasquirevista.wordpress.com&blog=2847369&post=51&subd=chasquirevista&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Esto es lo que sentenció Luis Ramiro Beltrán en entrevista con Juçara Brittes, en 2008, acerca de la comunicación para el desarrollo y las Políticas Nacionales de Comunicación, que trae Chasqui en marzo de 2009.</p>
<p>Este comunicólogo boliviano es el personaje que abre la revista del primer trimestre y en Portada, un análisis de las políticas de comunicación en los países del área andina.</p>
<div id="attachment_52" class="wp-caption aligncenter" style="width: 290px"><img class="size-medium wp-image-52" title="Luis Ramiro Beltrán" src="http://chasquirevista.files.wordpress.com/2009/01/lrbpeque.jpg?w=280&#038;h=300" alt="Luis Ramiro Beltrán" width="280" height="300" /><p class="wp-caption-text">Luis Ramiro Beltrán</p></div>
<p><span id="more-51"></span></p>
<p><strong>Los circuitos académicos registran, para las siglas Políticas Nacionales de Comunicación (PNC), un importante marco político y teórico de comunicación social en el mundo occidental. Usted fue uno de los principales mentalizadores y articuladores de estas, por ello es considerado el “padre de las PNC”. ¿Asume esta paternidad? </strong></p>
<p>Ese generoso apelativo me fue brindado por el distinguido colega José Marques de Melo en el prólogo del libro que él y usted editaron en 1998  para recoger los documentos del encuentro de Sao Paulo con que tuvieron la fineza de recordar mi trayectoria en la naturaleza precursora de mi aporte a la teorización sobre las PNC. Y, en efecto, gracias a los estimulantes requerimientos que me hizo la UNESCO tuve el privilegio de ser el primero que comenzó por plantear una definición, ya que no existía en la literatura internacional consultada, y emprendí la reflexión para formular aquellas nuevas políticas en nuestra región. Dicha definición, propuesta en 1974 y refinada en 1976, fue: “Una Política Nacional de Comunicación es un conjunto integrado, explícito y duradero de políticas parciales de comunicación armonizadas en un cuerpo coherente de principios y normas dirigidos a guiar la conducta de las instituciones especializadas en el manejo del proceso general de comunicación en un país.”</p>
<p><strong>Existen muchas referencias de su contribución, que comprueban la importancia no solo teórica sino pragmática de su definición. ¿Nos ayudaría a recordar lo más significativo? </strong></p>
<p>En 1986 el colega español Josep Gifreu diría de ella que fue “una primera definición de políticas de comunicación que haría fortuna…”. En 1998 el colega venezolano Alejandro Alfonzo haría la siguiente afirmación: “Esta definición tuvo gran resonancia, al punto que en una u otra forma fue acogida en la Declaración de San José, aprobada por los delegados a la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas de Comunicación en América Latina y el Caribe convocada por la UNESCO en Costa Rica en julio de 1976. Por otra parte, es con esta definición que se ha manejado, trabajado, comentado y difundido más, tanto en el sector académico como en el técnico y el profesional, y que ciertamente animó los diseños de políticas de Estado que en el área de la comunicación se realizaron al menos en Venezuela, Costa Rica y México entre 1976 y 1986…”. También en 1998 el colega boliviano José Luis Exeni manifestaría esta opinión concordante: “Es en este valioso documento donde se plantean las bases explícitas más sólidas de las Políticas Nacionales de Comunicación…”. Y, tan recientemente como en 2006, quien fuera el principal protagonista de la conferencia intergubernamental de 1976 en San José, el venezolano Guido Grooscors, hizo en un libro suyo sobre el tema estos señalamientos “…El primer paso consistió en convocar una reunión de expertos en Bogotá. Durante su desarrollo se conocería el documento de trabajo preparado por Luis Ramiro Beltrán que recoge la primera definición de políticas de comunicación que desde entonces citan todos los interesados en el tema. (…) Como dice Oswaldo Capriles, el documento ‘desapareció de la escena’ como consecuencia de la airada reacción opositora de los propietarios de los grandes medios de comunicación y de las instituciones patronales que los agrupan en nuestro continente. A pesar de ello, el pensamiento sobre la materia enunciado en Bogotá tuvo clara y fuerte influencia en los debates y en el histórico pronunciamiento de los Ministros de Información de Latinoamérica y el Caribe.</p>
<p><strong>¿Además de Ud., quién más se ha destacado en la construcción teórica de las PNC? </strong></p>
<p>El  núcleo principal de la reflexión inicial, en la región, sobre políticas de comunicación como instrumento clave para la democratización de ella fue el Instituto de Investigaciones de la Comunicación (ININCO) de la Universidad Central de Venezuela, encabezado por el ilustre investigador Antonio Pasquali. La otra plataforma mayor de debate académico precursor sobre la materia fue promovida y presidida, con diligencia, perseverancia y creatividad, por José Marques de Melo en Brasil. Entre otros tempranos analistas del tema en la región sobresalieron Elizabeth Fox –mi compañera de trabajo y de ideales– mi entrañable amiga Patricia Anzola y Amparo Cadavid, en <span style="color:#3366ff;">Colombia</span>; Ricardo Noseda y Héctor Schmucler, en <span style="color:#3366ff;">Argentina</span>; Raquel Salinas y Fernando Reyes Matta, en <span style="color:#3366ff;">Chile</span>; Roque Faraone en <span style="color:#3366ff;">Uruguay</span>; Marco Ordoñez, Benjamín Ortiz, Marco Encalada y Andrés León en <span style="color:#3366ff;">Ecuador</span>; Rafael Roncagliolo, Carlos Ortega y Carlos Romero en <span style="color:#3366ff;">Perú</span>; Beatriz Soliz, Fátima Fernández y Joseph Rotta y Javier Esteinou en <span style="color:#3366ff;">México</span>.</p>
<p><strong>¿Qué factores evidenciaron la necesidad de establecer políticas nacionales de comunicación en los países? </strong></p>
<p>Creo que el factor principal fue el hecho de que los Estados miembros de la UNESCO se dieron cuenta, a partir del último tercio de la década de 1960, de que prevalecía una suerte de estado de aguda carencia de normas claras y coherentes en materia de comunicación masiva en los países de menor desarrollo nacional. Algunos instrumentos de legislación procuraban regular la conducta de los ciudadanos y el desempeño de periodistas y dueños de diarios, revistas y radioemisoras. Ponían énfasis en la protección de la libertad de prensa, a menudo amenazada por regímenes autoritarios de uno u otro signo ideológico. Pero el enfoque de aquello parecía estar primordialmente dirigido a proteger intereses de poderosos círculos privados. Los gobiernos sólo se interesaban por la comunicación como vehículo de propaganda para apuntalar el ejercicio del poder, generalmente por minorías conservadoras. Por otra parte, no tenían la voluntad de aplicar la comunicación al servicio de sus esfuerzos en pos de desarrollo porque no percibían la importancia crucial de ella para apuntalar sus programas sociales, como los de salud y educación. Lo que existía, por tanto, eran solamente políticas parciales, coyunturales, poco articuladas y hasta contradictorias entre sí, y poco explícitas. Todo ello, me parece, llevaría a los Estados miembros de la UNESCO a propiciar la formulación y aplicación de políticas de comunicación de alcance nacional con visión integral y enfoque democrático para subsanar la anomia.</p>
<p><strong>¿Cuál es el contexto histórico en el cual se desarrolla el movimiento de las PNC? </strong></p>
<p>La de 1970 fue considerada la “Década de Fuego” en cuanto a la comunicación internacional porque, entre mediados y fines, estalló a escala mundial una ácida y tenaz controversia entre los principales países desarrollados y los entonces llamados del “Tercer Mundo”. La candente confrontación, que tuvo por escenario principal a la sede central de la UNESCO en París, giró en torno a una propuesta del Movimiento de los Países No Alineados para forjar un Nuevo Orden Internacional de la Información y a la promoción por parte de la UNESCO de la formulación de Políticas Nacionales de Comunicación. En ambos emprendimientos, el pensamiento crítico y renovador sobre comunicación que surgió en Latinoamérica, con ímpetu, tuvo primordial influencia. La UNESCO había propiciado ya en la década de 1960 la formulación de políticas nacionales para que sus Estados miembros normaran las actividades en los campos de la educación, la ciencia y la cultura. Y en 1970 su Asamblea General le dio el mandato de hacer lo propio en el de la comunicación. En cumplimiento, la UNESCO hizo en París, en 1971, una consulta preliminar a un grupo de investigadores de la comunicación entre los que yo fui invitado por Latinoamérica. Luego, en 1972, realizó también en París y a nivel mundial la Primera Reunión de Expertos sobre Políticas y Planificación de la Comunicación, en la que participé. Puesto que evidentemente hacían falta, como punto de partida, para el debate, presenté en ambos encuentros breves proposiciones tentativas para la construcción de una definición de la naturaleza de las Políticas Nacionales de Comunicación. Y a fines de 1973, habiendo decidido la UNESCO comenzar la tarea por nuestra región, me encomendó, en calidad de consultor en su sede central, preparar el documento básico para la Primera Reunión de Expertos sobre Políticas Nacionales de Comunicación que había resuelto llevar a cabo en 1974 en Bogotá. Produje así, en cien párrafos, una detallada propuesta conceptual y operativa dirigida a servir de plataforma para la reflexión. En julio de ese año, 17 invitados de la UNESCO y siete observadores provenientes de 14 países de Latinoamérica y el Caribe acudieron a la cita. Se tomó en cuenta el documento básico y en concordancia con la definición inicialmente planteada, ellos tuvieron una deliberación sustancial y creativa, y lograron arribar al consenso necesario para formular en detalle, en cumplimiento del encargo específico que les hizo la UNESCO, la agenda para la Primera Conferencia Intergubernamental sobre Políticas de Comunicación en América Latina y el Caribe que ella había previsto realizar en 1975. 	 Esa reunión, tuvo muchos percances… Tan pronto como la UNESCO hizo público el excelente informe final de la reunión de Bogotá, la Asociación Interamericana de Radiodifusión (AIR) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) lo repudiaron públicamente, con aspereza, por considerarlo atentatorio contra la libertad de prensa y dirigido “a servir las aspiraciones de fascistas y marxistas”. Y anunciaron, por su cadena continental de múltiples medios, su decisión de oponerse resueltamente a la conferencia intergubernamental. En efecto, persuadieron a autoridades políticas de Argentina, Perú y Ecuador de que no brindaran sede a ella. La UNESCO tuvo entonces que postergar tal encuentro hasta que le dio franca y firme acogida el Gobierno de Costa Rica, el país de la región más cercano a la práctica de los ideales democráticos. Fue así que la SIP y la AIR no lograron impedir la realización de la conferencia en San José. Sí lograron, en cambio, provocar la renuncia de la Ministra de Cultura de Costa Rica, Carmen Naranjo, acusándola de haber sido patrocinadora de la reunión. Luego, ejerciendo dura presión sobre la UNESCO, pudieron inducirla a que no usara el informe de la reunión de expertos de Bogotá como base para las deliberaciones de los Ministros de Información, así como a que quitara la responsabilidad organizativa a los funcionarios de su central que habían armado y conducido la reunión en Colombia y, por supuesto, que no invitara entre los observadores a la intergubernamental a quienes participaron de aquélla. Clara y públicamente respaldada por el socialdemócrata presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, y hábilmente liderada por su ministro de Información, Guido Grooscors, la conferencia intergubernamental se llevó a cabo exitosamente en San José, en julio de 1976, pese al acoso público que contra ella desataron allá con intemperancia la AIR y la SIP. Con el sustento de sus deliberaciones, pero estrechamente en el pensamiento de los expertos de la reunión de Bogotá del 74, los Ministros de Información formularon una importante declaración y aprobaron un amplio conjunto de resoluciones instrumentales al propósito de contribuir normativamente a democratizar la comunicación en la región, por medio de políticas nacionales de cada país. Acordaron que cada uno de ellos tendría que formular la suya, constituyendo un Consejo Nacional pluralista representativo de periodistas y otros comunicadores, de propietarios de los medios de comunicación y de funcionarios gubernamentales pertinentes. Y propusieron asignar al Estado, no la conducción protagónica del proceso sino la responsabilidad de apoyo a la aplicación de las políticas y, si resultara necesaria, la función de arbitraje.</p>
<p><strong>¿Las resoluciones fueron aplicadas? </strong></p>
<p>Infortunadamente, pero no sorprendentemente, no lograron materializarse en ninguno de los países que participaron de dicho encuentro, con la única excepción de aquella que dispuso establecer dos modestas agencias regionales de noticias: ASIN, que nacería en México, y ALASEI, que lo haría en Panamá; fueron organizadas y puestas en operación gracias al denodado esfuerzo del colega argentino José María Pasquini y del colega peruano Germán Carnero, que contaron con el valioso apoyo del colega italiano Roberto Savio, director de la Agencia Interpress. Solamente en dos de aquellos países se registraron intentos sustantivos de poner en práctica, integralmente lo que los Ministros de Información habían aprobado, pública y solemnemente, en San José de Costa Rica en 1976. Uno fue el de Venezuela, el país líder, académica y políticamente, del movimiento pro políticas nacionales de comunicación y el otro fue México. Infortunadamente, ambos intentos irían a fracasar principalmente por la misma razón: la extrema presión inhibitoria que ejercieron sobre los respectivos gobiernos los miembros de la AIR y de la SIP. Poco después de la conferencia intergubernamental realizada en San José de Costa Rica, Guido Grooscors emprendió las actividades necesarias para dar la más pronta y cabal aplicación a las determinaciones adoptadas. Comenzó por plantear la propuesta para establecer el Consejo Nacional de Políticas de Comunicación previsto como el órgano asociativo pluralista que conduciría el proceso de formulación de la respectiva política nacional del ramo. La reacción de las agrupaciones patronales de comunicación masiva contra tal propuesta fue tan beligerante, intensa y estentórea que logró sin mayor demora impedir su consideración por las autoridades estatales legislativas y ejecutivas, frustrando de raíz a tal proyecto de implementación. Aún más, provocaron el alejamiento de Grooscors de sus funciones en el gabinete. En vista de que no estaba lejana la fecha de una elección nacional general, el propio partido de gobierno al que él pertenecía halló necesario evitar la confrontación con aquellos poderosos intereses. El Ministro pasaría pronto a ser embajador en Colombia, con lo que la causa de las PNC fue privada de su principal promotor. Y así todo iría a quedar como estaba en el propio país que encabezara dicho movimiento de cambio normativo. Cerca de fines de la década del 70 tuvo lugar en México el segundo y el mayor intento de organización para la formulación de la respectiva política nacional de comunicación. Sin terciar en público debate sobre el tema, organizado por el Secretario de Información de la Presidencia de la República, se trazó en minucioso detalle los lineamientos para tal política y se diseñó un plan operativo para ponerla en práctica. Cuando ese empeño estaba cercano a su culminación, una filtración de información a un diario proporcionó a las agrupaciones continentales de comunicación la oportunidad para denunciar acremente como una actividad contraria a la libertad de prensa y provocar su cancelación. En efecto, el indicado alto funcionario de Estado fue súbitamente removido de su cargo, la documentación producida fue descartada y el proyecto fue clausurado, sin anuncio ni explicación, con la complacencia de sus ardorosos y muy influyentes antagonistas. Otros factores coetáneos contribuyeron también a mantener la situación de la comunicación en status quo. Uno de ellos fue el que la UNESCO se viera impedida de proporcionar apoyo alguno a esfuerzos de los países para propiciar las Políticas Nacionales de Comunicación porque, entre mediados y fines de la década del 70, fue el escenario principal de una encendida controversia mundial por una propuesta del Movimiento de los Países No Alineados para forjar un Nuevo Orden Internacional de la Información (NOMIC), que también fue objeto de frontal oposición por los mismos intereses político/empresariales militantemente opuestos al cambio. A tal grado llegó esto que, pese al entendimiento transaccional que la UNESCO lograría finalmente en 1980, con el concurso de la Comisión McBride que creó, cayó en una crisis tan honda, grave y fragorosa que desembocó en la sustitución de su director general, el africano Amadou Mahtar M’Bow y, algo después, inclusive en el retiro de Estados Unidos de América y de Inglaterra de dicho organismo internacional. Genocidas dictaduras militares conservadoras asolaron, a lo largo de la década del 70 y hasta el primer tercio de la del 80 a algunos países de la región, principalmente a los del Cono Sur. Esta dura realidad política contribuyó también a desfavorecer la implantación de las PNC porque tales regímenes –enemigos, ellos sí, de la libertad de información– no iban a interesarse por implantar políticas democráticas sobre ella y, por otra parte, porque si lo hacían había el riesgo de que, deformando su espíritu, más bien las orientaran hacia el control autoritario de los medios de comunicación. Y el tercer factor del caso fue la indiferencia ante el empeño prevaleciente entre las organizaciones constitutivas de la sociedad civil, tales como federaciones de maestros, asociaciones de universitarios, agrupaciones sindicales de obreros y de campesinos, colegios de profesionales y las propias uniones de periodistas. Tampoco fue el tema acogido por los partidos políticos. Y ni tan siquiera catedráticos y estudiantes de las varias facultades de Comunicación mostraron, en la mayoría de los casos, interés por comprometerse en apoyar la lucha por la causa de las políticas. La única entidad clave de la sociedad que se identificó activamente con la lucha fue la Iglesia Católica, motivada por sus excelentes agrupaciones regionales de comunicadores. Así, la inquietud quedó confinada a un limitado conjunto de investigadores de la comunicación que continuarían, si bien decrecientemente, reflexionando sobre la materia e insistiendo en la necesidad de las políticas. Pero, por no constituir ellos un movimiento orgánico formal y estable, no lograron que su preocupación llegara más allá de determinados círculos del ámbito académico y de algunos organismos internacionales de su campo, como el CIESPAL, el ILET y el INTERCOM.</p>
<p><strong>¿Cuál es la situación de América Latina, en términos de PNC, en la era de la Sociedad de la Información, de la globalización y del neoliberalismo? </strong></p>
<p>Considero que, lejos de mejorar, respecto de la que prevalecía en la década del 70, la situación de la comunicación en Latinoamérica ha empeorado muchísimo actualmente debido al influjo de la moderna tecnología de información, propia de la era globalizadora y neoliberal. Cuando menos desde mediados de la década de 1980, esa tecnología viene siendo utilizada casi exclusivamente más bien para expandir, profundizar y consolidar bajo el predominio del mercado la dependencia externa y la dominación interna. Consorcios transnacionales, principalmente estadounidenses, tienen hoy un incontrastable dominio del flujo noticioso, del negocio publicitario y de los programas de televisión. Y la `brecha digital´ entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo es abismal puesto que las diferencias en el acceso a los recursos de la telemática son ahora inmensas. Ya desde el comienzo de la presente década el 90% de la producción de bienes y servicios informáticos está en manos de Estados Unidos, de la Unión Europea y de Japón. Del total de 550 millones de aparatos de computación existentes entonces en el mundo, un poco más de la mitad estaba en Estados Unidos, Japón, Alemania y Francia. Y del total mundial de internautas, el 57% se hallaba en Estados Unidos mientras que sólo el 1% estaba en Latinoamérica. En promedio, en los países desarrollados, el 30% de la población tiene acceso a la computación en tanto que en los países en vías de desarrollo, únicamente el 2% lo tiene. En América Latina ese indicador apenas se acerca al 10%. Del total de 97 millones de habitantes de México, 81 millones no manejan la computadora, y conforman alrededor del 84% de analfabetismo informático. Hay en dichos países 70 computadoras por cada 1.000 habitantes en tanto que en Estados Unidos hay prácticamente 600 por cada millar. Y en Bolivia, para dar sólo otro ejemplo más, apenas muy poco más del 3% de su población, cercana a los 10 millones de habitantes, tiene acceso a Internet y tanto como dos tercios de ese total de usuarios son jóvenes urbanos de las clases alta y media.</p>
<p><strong>La tendencia de la concentración de la propiedad de los medios de comunicación parece acentuarse, Ud. qué opina… </strong></p>
<p>La concentración de la propiedad de los medios de comunicación masiva en pocas manos se ha acentuado en Latinoamérica en elevada proporción tanto en lo transnacional como en lo nacional. En efecto, en 2004 un estudio del Instituto Prensa y Sociedad halló un alto grado de concentración en la estructura de las industrias culturales y de telecomunicación. Verificó que en cada mercado nacional las cuatro firmas principales dominan, en promedio, algo más del 60% del público y de la facturación. Y puso en evidencia que en varios de los países los grupos económicos más poderosos controlan las empresas de comunicación y que ello conduce a la formación de conglomerados de múltiples medios. Por otra parte, los gobiernos de la región han venido favoreciendo crecientemente la inversión privada, inclusive en los sectores de la comunicación usualmente tenidos por estratégicos, como la televisión, la radio y las telecomunicaciones. Y, en vez de propiciar la instauración de políticas públicas democratizantes de la comunicación y, como tales, potenciadoras de la participación del pueblo en el proceso de comunicación, no pocos de dichos regímenes están inclusive impulsando la ultraliberal desregulación –preferentemente por medio de decretos, no por leyes– que beneficia a los sectores, internos y externos, que consideran que la mejor política de comunicación es, si posible, ninguna… o aquellas que, reformuladas a conveniencia de sus intereses, contribuyan a mantener intacta su hegemonía en nombre del “libre flujo de  la información”. Lo que he anotado hasta aquí sobre la situación viene contribuyendo fuertemente a forjar mediante la comunicación mundializada una cultura masiva y transnacional. Ello tiende a ocurrir, desfisonomizando a las diversas identidades de las numerosas culturas propias de Latinoamérica y desplazando así el sentido de nacionalidad a beneficio de la anodina homogeneidad universal en que el mercado impera y prospera mientras languidece el Estado. Hallo sorprendente y deplorable que semejante conducta se dé por igual en los regímenes conservadores, que son la mayoría en la región, que en aquellos pocos que, hallándose identificados con el socialismo democrático, se consideran progresistas en el sentido de comprometidos con forjar el cambio estructural de la arcaica sociedad para lograr el desarrollo verdaderamente democrático que haga justicia al pueblo. Que yo sepa, hasta el momento ninguno de ellos –Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Uruguay y Nicaragua– han resuelto propugnar, por entendimiento consensual y legal con personeros de la sociedad civil, el establecimiento de una integral Política Nacional de Comunicación que apuntale el cumplimiento de aquella aspiración. En Argentina, a mediados del gobierno del presidente Kirschner, el colega Washington Uranga señaló que si no se había logrado avanzar en materia de legislación innovadora sobre comunicación había sido porque no existía la voluntad política para provocar el cambio, ya que se prefería mantener la estructura para evitar enfrentamientos con los intereses económicos que dominan los medios. Y, concordantemente, el colega Guillermo Mastrini anotó que desde el principio era claro que tal gobierno no sólo no se proponía revisar las medidas neoliberales de sus antecesores, sino que había tomado disposiciones contribuyentes a consolidar el status quo comunicacional. Añadió que había, pues, “mucho ruido y pocas leyes”. En Brasil, José Marques de Melo afirmó que, si bien se habían logrado garantías constitucionales para hacer comunicación democrática, no se habían desarrollado instrumentos legales para aplicar los principios que las fundamentan. Venicio de Lima denunció que, de manera creciente, la formulación de políticas en el sector de comunicaciones tiende a dislocarse del control del Estado hacia los grandes conglomerados transnacionales. Andre Barbosa Filho y Cosette Castro criticaron por incongruente y anacrónica a la legislación sobre telecomunicaciones y radiodifusión y mostraron que la intención de formular una normativa de comunicación integral y adecuada fue frustrada por numerosos obstáculos. Concluyeron su análisis advirtiendo que, frente a un mercado sin reglas o con reglas dispares y ajenas a lo equitativo, el nuevo orden tecnológico imperante actuaría en el país como un tsunami. Y, en efecto, unas propuestas renovadoras que hizo el gobierno del presidente Lula, para contar con leyes para el campo audiovisual y crear un Consejo Nacional de Periodismo fueron abortadas por la fuerte presión de los medios de comunicación. Y observaciones semejantes a éstas fueron también planteadas, en el caso de Chile, por Lucía Castellón Aguayo, Víctor Silva Echeto y María Inés de Torres y, en el caso de Uruguay, por Gabriel Kaplún, Roque Faraone y Gerardo Albistur. Debo señalar que otro fenómeno importante de la situación actual es la proliferación de radios comunitarias a lo largo de la región. Son pequeñas emisoras independientes, ni comerciales, ni estales, que están financiadas y operadas, especialmente en el ámbito rural, por grupos de voluntarios que, por lo general, no son profesionales de comunicación, para prestar servicios desinteresados a sus conciudadanos. Ahora más que nunca, debido a la disponibilidad de nuevas tecnologías de emisión a bajo costo, la radio es el medio de comunicación masiva al que más acceso tiene el pueblo, no sólo en términos de audición de mensajes, sino en los de la producción. Las radios comunitarias constituyen la voz de los sin voz, de los pobres, marginados y, a menudo, oprimidos y explotados, también.  Conscientes de aquello, dichas minorías gobernantes se empeñan en acallar a las radios comunitarias porque, al ser contestatarias, las consideran necesariamente subversivas. Lo hacen principalmente asegurándose de que la legislación sobre comunicación no permita la instalación y operación de emisoras de ese tipo. O sea, la política vigente de facto es la de prohibir la operación de esas radios que, en su mayoría carentes de licencia estatal para operar, se ven obligadas a hacerlo ilegalmente. Entra entonces en escena la represión –confesa o subrepticia– que no pocos gobiernos desatan contra las comunitarias por cuenta propia y cediendo a la presión de requerimientos del sector radiofónico privado y mercantil.</p>
<p><strong>¿Sería posible tener evidencias de la represión de los empresarios de este sector, así como de grupos de gobierno en relación con las iniciativas de democratización de la comunicación en las radios comunitarias? </strong></p>
<p>Unos cuantos de los casos más recientes de represión dan ejemplos del problema:</p>
<ul>
<li>En 2005 en Chile el órgano estatal regulador de las telecomunicaciones, SUBTEL, se valió de la fuerza policial para desmantelar algunas de las 200 emisoras comunitarias de ese país.</li>
<li>En el Brasil de Lula –según lo informó el colega Alfonso Gumucio– es frecuente que la Agencia Nacional de Telecomunicaciones clausure radios comunitarias apelando a la fuerza policial que daña instalaciones, secuestra equipos y aprisiona a directores y operadores de esas estaciones. Entre 2006 y 2007 nada más que en Río de Janeiro y Sao Paulo cuando menos medio centenar de tales emisoras fueron cerradas con violencia. Un caso muy notorio en la primera de dichas ciudades fue el de Radio Novo Ar, en el suburbio de Sao Gonzalo, en donde la Policía se llevó los equipos y la clausuraron. Y en la mayor favela de Sao Paulo 65 policías federales, mediante la “Operación Corsario”, asaltaron las instalaciones de Radio Heliópolis y causaron destrozos al clausurarla. A fines de 2006 alrededor de 13.500 emisoras comunitarias de todo el país seguían gestionando en vano ante el gobierno central que les otorgara licencia para operar, en tanto que alrededor de dos tercios de los parlamentarios disfrutaban de licencias de radio y televisión. Y, por otra parte, cuando el gobierno tolera la actividad de algunas de dichas emisoras, restringe severamente su alcance al no permitirles más que la ínfima potencia de 25 watts.</li>
<li>En 2006, fiscales y policías tomaron por asalto las oficinas del Consejo Guatemalteco de Comunicación Comunitaria y secuestraron computadoras y documentos.</li>
<li>En marzo de 2007, el Ministerio de Comunicaciones de Colombia impuso medidas de censura a las radios comunitarias al prohibirles incluir en su programación expresiones de candidatos, debates políticos y propaganda electoral para comicios que tenía lugar entonces. Lo hizo contraviniendo legislación vigente que reconoce a dichas emisoras libertad de expresión especialmente en cuanto a promoción de la democracia, a la participación popular en el manejo de la cosa pública y al logro de la convivencia pacífica.</li>
<li>En marzo de 2008, en Sonora, México, periodistas de la emisora comunitaria Radiobemba FM fueron asignados a cubrir en un amplio parque el desalojo policial de ciudadanos que se oponían a la tala de árboles para la construcción de un centro empresarial-cultural. La Policía Municipal, fue ruda con tres reporteros y violenta en el caso de una reportera a quien golpearon y despojaron del teléfono celular con que transmitía la información, impidió la cobertura.</li>
<li>Y a mediados de abril del presente año el grupo paramilitar colombiano “Águilas Negras” se valió de la Internet, soez y reiterativamente, para amenazar de muerte al sacerdote director de la radio comunitaria Ecos de Tiquisio, y a miembros y dirigentes de organizaciones sociales del sur del departamento Bolívar, tildándolos de anarquistas, guerrilleros y bandidos.</li>
</ul>
<p><strong>¿Existen ejemplos positivos, posiciones en defensa de esos movimientos comunitarios? </strong></p>
<p>Que yo sepa, sólo hay en Latinoamérica dos casos de excepción en pro del reconocimiento del derecho de las radios comunitarias a operar. El primero en Bolivia, donde se consiguió, en 1999, la otorgación de frecuencias a las primeras 17 emisoras reconocidas como comunitarias. En 2004, por diálogo conciliatorio en 20 sesiones entre la Dirección General de Telecomunicaciones y agrupaciones de radios comunitarias, se logró la emisión de un decreto que les dio el reconocimiento legal y las habilitó para contar con licencias y frecuencias. Pero el decreto reglamentario, necesario para hacer efectiva la aplicación de dicha determinación sólo pudo ser conseguido, por nuevas negociaciones, en 2004. Sorpresivamente, sin embargo, en 2007 un nuevo decreto general sobre “telecomunicaciones rurales” desvirtuó y debilitó a lo dispuesto en el anterior, en varios aspectos, con limitaciones y cortapisas al funcionamiento de las radios comunitarias. El gestor y promotor principal de esas valiosas realizaciones, ahora malogradas fue el director del Servicio de Radiodifusión para el Desarrollo de la Universidad Católica, José Luis Aguirre, que era, a la vez, el representante en Bolivia de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC). En cambio, en Uruguay –país en el que no había políticas propicias a la democratización de la comunicación no sólo durante el largo período de dictaduras militares sino aún en los primeros años de la restauración del gobierno democrático– se logró finalmente en 2007 -por prolongadas y difíciles reuniones promovidas por varias organizaciones sociales, con apoyo de la AMARC, en pos de un acuerdo con todos los interesados- que la Cámara de Diputados aprobara una completa y excelente Ley de Radiodifusión Comunitaria, que puso fin a la dura oposición que los radiodifusores comerciales habían ejercido. Constituyen la AMARC como socias 3.500 radioemisoras comunitarias en 118 países de todo el mundo. Ellas tienen como bases a sus asociaciones nacionales que, a su vez, se agrupan en regionales, como la muy activa y destacada de América Latina. Nacida en Montreal, Canadá. AMARC acaba de celebrar al cabo de 9 reuniones a escala mundial el 25 aniversario de su creación con un encuentro en Colombia en febrero del 2008. Los participantes de ella emitieron una Declaración que tiene por base a un conjunto de 14 principios para una legislación democrática sobre radiodifusión comunitaria. Se subraya, en el documento, un llamado al reconocimiento por el Sistema Interamericano de Derechos Humanos de dichos principios como un enunciado modelo del derecho a la comunicación y a la libertad de expresión en América Latina y el Caribe. Tal planteamiento bien pudiera probarse un día un aporte instrumental para la formulación de las integrales Políticas Nacionales de Comunicación.   Las nuevas tecnologías, en la época de la TV como expresión de mayor avance, serían utilizadas como instrumentos para democratizar el conocimiento y pro consiguiente promover el desarrollo. El proyecto no se ha concretado.</p>
<p><strong>¿La dificultad estaría en la naturaleza de la tecnología? ¿La tecnología encerraría posibilidades emancipatorias? </strong></p>
<p>La afirmación de usted es evidentemente correcta. La insurgencia de la “Sociedad de la Información”, a mediados de la década de 1970, fue proclamada como el mecanismo providencial para que nuestros países superaran la gravísima crisis económica que fueron puestos a padecer al despuntar la era neoliberal y globalizadota, y alcanzaran así el anunciado desarrollo. Más aún, las redes de Internet, de radio y televisión digital y de telefonía móvil fueron tenidas por infaliblemente promisorias de la democratización de la comunicación entre nosotros. Pero, excepto por la ampliación del acceso a la televisión y a la radio comerciales, nada de aquello ha ocurrido. Más bien, lejos de que el desarrollo fuera logrado, el subdesarrollo se ha agudizado mucho más y ha exacerbado los niveles de pobreza. Según la CEPAL, la gran mayoría de los hogares de nuestra región no tiene ingresos como para acceder al nivel mínimo del consumo de masas. En cuanto a la democracia, tan ineficaz e injusto ha sido el desempeño de los gobiernos latinoamericanos en cuanto al respeto a los derechos y a la atención de las  necesidades de las mayorías postergadas que, según indagaciones de que informa el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, cerca de la mitad de la población prefiere que haya desarrollo económico aún sin democracia. Creo que ello ocurre porque ha perdido la fe en ella. Es que ésta, como ya le decía antes, no sólo que no ha logrado implantar la equidad en la economía sino que ha contribuido a agrandar más bien la brecha entre los pocos ricos y los muchos pobres. Y respecto de la comunicación y la cultura, muy lejos de haberse logrado acceso, no digo universal, sino siquiera sustantivo a los nuevos medios, la mayoría de nuestra población está más bien excluida no sólo de los sistemas informáticos, debido a la miseria a que está sometida. Baste con tener como indicativo de ello lo que en su estudio, que ya le mencioné, encontraron nuestros colegas Becerra y Mastrini: que, en promedio anual, un ciudadano latinoamericano compra un diario sólo en diez ocasiones, asiste menos de una vez al cine, adquiere menos de un libro y compra en el comercio legal medio disco compacto. Que, en cambio, tenga hoy considerable acceso a la televisión no es –a mi modo de ver– consuelo válido, pues se trata del medio no sólo más trivial, sensacionalista y a veces hasta indecoroso, sino también del más alienante, desinteresado en el pueblo raso y ajeno a la promoción del desarrollo democrático, especialmente en materia de educación y cultura. El problema de la tecnología de la Sociedad de la Información no es intrínseco, sino que está en el uso que de ella se hace; es decir, radica en quién la usa, para qué y cómo. Y es evidente que en Latinoamérica sus principales poseedores y usuarios son las minorías gobernantes que se valen de ella para preservar la dominación interna y robustecer y expandir la dependencia externa. Mientras ello siga siendo así, mal puede tener aptitud emancipatoria. Y de allí que sea necesario cambiar la situación al propiciar la regulación de dicha tecnología mediante integrales y democráticas Políticas Nacionales de Comunicación, formuladas por un diálogo pluralista y consensual, y aplicadas mediante instrumentos y procedimientos legales.</p>
<p><strong>A la luz de lo descrito, ¿considera necesario y posible el establecimiento de nuevas PNC en nuestros países? </strong></p>
<p>Sin duda, considero dicha instauración mucho más necesaria que nunca antes porque esa situación es más compleja, más abarcadora y más grave que la que prevaleció en los años 70. Me place compartir esta convicción con compañeros de mi generación rebelde como Antonio Pasquali, José Marques de Melo y Guido Grooscors. Y me alienta comprobar que ahora aquella es abrazada también por algunos miembros de la nueva generación de estudiosos de la comunicación en mi región, según lo muestran unos cuantos casos salientes. Valerio Cruz Brittos (Brasil) sostiene que hoy más que antes viene a ser fundamental la adopción de políticas de comunicación nacionales, regionales y globales. Coincide con él José Luis Exeni (Bolivia) al señalar que dichas políticas siguen siendo, incluso más que en su surgimiento hace tres décadas, un ideal deseable, necesario e irrenunciable. Luis Albornoz (Argentina) afirma que es imperiosa la necesidad que tienen los países de contar con políticas públicas, nacionales e internacionales, para democratizar la información, la cultura y la comunicación.  Migdalia Pineda de Alcázar (Venezuela) acota que un proceso de democratización de la comunicación en el contexto actual de globalización requerirá la enunciación de políticas de comunicación, de cultura y de educación.  Martín Becerra (Argentina) y Guillermo Mastrini (Argentina) estiman necesario repensar las viejas propuestas que instaban a definir  políticas de comunicación y cultura. Concuerda con ello Andrés Cañízales (Venezuela), al señalar la conveniencia de que las políticas consideren la diversidad de componentes de cada cultural nacional. Y Octavio Getino (Argentina) sugiere que las nuevas políticas debieran darse en los ámbitos educativo, info-comunicacional e industrial tecnológico, articulándolos en los niveles internacional, nacional, regional y local. Me parece lógico que las políticas que ahora se recomienda implantar tiendan a conservar el espíritu democratizante, justiciero y contestatario de las que fueron propuestas en 1970, pero es obvio que deberán cobrar nuevas formas y definir alcances apropiados a las diferentes realidades de hoy. En línea con este razonamiento, se han dado ya, cuando menos desde fines de los años del 90, algunos planteamientos renovadores importantes. Luego de hacer algunas apreciaciones críticas sobre aquellas políticas que propiciara la UNESCO, Jesús Martín-Barbero abogó porque las que se necesitan tomen en cuenta la diversidad cultural que caracteriza a cada una de nuestras naciones, así como la construcción del espectro cultural de nuestra región. Y destacó la conveniencia de que las políticas no se conciban meramente como referentes a tecnologías de información y a medios de comunicación, sino que formen parte de políticas culturales tanto en el ámbito público como en el privado de la sociedad civil. Sin descartar la esencia de las políticas originalmente propuestas al nivel multigubernamental en Costa Rica, en 1976, pero actualizando, ampliando y refinando su enfoque pluralista y participativo, José Luis Exeni propuso forjar “Políticas Públicas para la Comunicación Pública” (PPCP). Expuso pormenorizada y ampliamente este concepto innovador y planteó siete valiosas consideraciones procedimentales para que las políticas de comunicación vuelvan a ser objeto de investigación, materia de enseñanza, motivo de preocupación ciudadana y objeto de decisión pública. Y, para consignar sólo un ejemplo más de la actual reflexión sobre el tema en nuestra región, anoto que Martín Becerra entiende pragmáticamente por políticas de información y comunicación a las estrategias y prácticas de ordenamiento, regulación, gestión, financiamiento y formulación de planes y prospectivas relativas a las actividades infocomunicacionales.</p>
<p><strong>…La tendencia de aniquilar los propósitos de compartir la información y el conocimiento que parecen generar las TIC y el surgimiento de nuevas utopías sociales, en expresión de Armand Mattelart, para denominar, las cuestiones de diversidad cultural. ¿Cómo ve esta realidad? </strong></p>
<p>Al cabo de un cuarto de siglo de que la Asamblea General de la UNESCO aprobó el histórico Informe MacBride, que recogió y validó los planteamientos del “Tercer Mundo” sobre el cambio necesario en materia de comunicación, la Organización de las Naciones Unidas volvió a propiciar debates sobre políticas internacionales de información y comunicación al patrocinar la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, que constó de dos períodos de sesiones: uno en Ginebra en diciembre de 2003 y el otro en Túnez, en noviembre de 2005. Al primero, además de delegados gubernamentales y de personeros del sector comercial privado, concurrieron algo más de 3000 miembros de cerca de 500 organismos no gubernamentales representativos de la sociedad civil. Pese a esto, la Declaración de Principios y el Plan de Acción que el encuentro produjo proclamaron únicamente la voluntad de dar mayor difusión a las nuevas tecnologías, intensificando la inversión del sector privado. En cambio, al mismo tiempo, la Sociedad Civil emitió una declaración que demanda de la Sociedad de la Información satisfacer las necesidades humanas y no meramente los intereses mercantiles de expansión de infraestructura informativa. En junio de 2005 se realizó en Brasil, la Conferencia Regional Ministerial de América Latina y el Caribe, donde culminó el período preparatorio para participar en el segundo período de la Cumbre de la Sociedad de la Información, que emitió el Compromiso de Río de Janeiro. Significativamente incluye una propuesta de formulación de políticas públicas, específicamente dirigidas a democratizar el manejo de Internet, que actualmente efectúa por su exclusiva cuenta la corporación estadounidense sin fines de lucro conocida por su sigla ICANN. En ese segundo período de la ya mencionada Cumbre, que se llevó a cabo en Túnez, el debate controversial desembocó en una prórroga de un quinquenio para el funcionamiento de la ICANN. Y, paralelamente, se estableció el Foro de Gobierno del Internet, organismo internacional a ser integrado por representantes de empresas comerciales del ramo, de organismos no gubernamentales e intergubernamentales. Por lo demás, el Programa de Acción de Túnez soslayó la consideración de los problemas y requerimientos expresados por los organismos no gubernamentales y confirió a los gubernamentales papeles accesorios en cuanto a la expansión de las tecnologías de información y comunicación. Marcó así la prevalencia de la dominación externa global favorable al interés mercantil y a la preservación del status quo. Creo que, pese a esos resultados poco satisfactorios, la importancia de las tres reuniones que acabo de mencionar no debe pasar inadvertida para quienes aspiramos a lograr políticas democratizantes, puesto que el solo hecho de que la ONU haya reabierto el debate internacional sobre información y comunicación, incluyendo a las políticas para ello, constituye un avance. Algo semejante podemos decir de la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural, emitida en noviembre de 2001 por la propia UNESCO que, al definir un año antes lo que entiende por tal diversidad, afirmó que únicamente contando con políticas culturales apropiadas sería posible asegurar la protección de la diversidad cultural creativa contra los riesgos de una cultura única homogeneizada. En el articulado de la declaración hay muy pocos enunciados correspondientes a la información y a la comunicación en relación con la diversidad cultural. Uno de ellos es que dichas políticas deben crear condiciones propicias para la producción y difusión de bienes y servicios culturales diversificados por medio de industrias culturales estables y de amplio alcance. Y otro es que los medios tradicionales de comunicación masiva deben tener una actitud pluralista que contribuya a preservar la diversidad cultural dando paso por igual en su ámbito de cobertura a todas las culturas. Son abundantes, en cambio, en la declaración, enunciados correspondientes al empleo de las modernas tecnologías de información y de telecomunicación en relación con dicha diversidad. Los Estados miembros no hallaron apropiada esa declaración para contribuir a contrarrestar eficazmente los riesgos a que se halla expuesta la diversidad cultural en el mundo globalizado de hoy. Insistieron, por tanto, ante la UNESCO para que, complementariamente, propiciara la conformación de un instrumento normativo de naturaleza obligatoria. Lo consiguieron en la 33a. Conferencia General de la UNESCO que aprobó en París, en 2005, por amplia mayoría de votos, la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales. Ella da reconocimiento legal al derecho de los Estados miembros a instaurar disposiciones reglamentarias y financieras que protejan, en la jurisdicción nacional y en el ámbito internacional, la diversidad de las manifestaciones culturales, particularmente cuando se hallen en situaciones de peligro.  Por último, no debiéramos desconocer la significación de la reciente constitución a escala mundial de coaliciones en pro de la defensa de la diversidad cultural. Formadas por agrupaciones de redes de actores y promotores de la cultura. Existen alrededor de 30 coaliciones, incluidas en Latinoamérica las de México, Colombia, Perú, Chile, Argentina y Uruguay. Las coordina el Comité de Enlace Internacional de Coaliciones para la Diversidad Cultural y ya dieron contribuciones y apoyo a la formulación de los planteamientos de la sociedad civil ante la UNESCO para la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales.  Todo lo que he reseñado y subrayado en esta parte de nuestra conversación pone en evidencia el hecho de que últimamente ha venido renaciendo considerablemente, en la esfera internacional y en la nacional, la conciencia de que hay que retomar el impulso de instaurar políticas de información y comunicación en el encuadre de la cultura. Hemos visto, en efecto, que hay en Latinoamérica la voluntad para ello y la capacidad reflexiva, tanto en plan individual como en esfuerzo colectivo. Se dan ahora al nivel internacional ocasiones de debate constructivo, ya no sólo entre organismos no gubernamentales, sino en instancias gubernamentales nacionales e internacionales. Y, en algún grado así como en distintas formas, las Naciones Unidas, incluyendo a la UNESCO, han vuelto a asumir su responsabilidad en materia de promoción de políticas de información, comunicación y cultura. Contamos ahora con una atmósfera y con varias plataformas para volver, de lleno y sin pausa, a la lucha por los ideales abrazados a partir de la década del 70.</p>
<p><strong>¿Cuál es su evaluación de la tarea que tienen las generaciones futuras, en la continuación de estos esfuerzos? ¿Los avances alcanzados sugieren una lucha menos ardua? </strong></p>
<p>Me parece que todo ello es reconfortante, pero no debe inducir a nadie a suponer que la tarea a emprenderse, en definitiva, sea en modo alguno simple y pueda resultar fructífera a corto plazo. Al contrario, en la era de la Sociedad de Información el poderío mundial que se opone al cambio justiciero es de magnitud descomunal y, sin duda, ha de anticiparse de él resistencia enorme, acerada y tenaz a la instauración de nuevas políticas para democratizar la información, la comunicación y la cultura. Por tanto, el desafío que enfrentan los proponentes del cambio es mayúsculo y sólo una sólida, amplia y sostenida unión entre ellos puede habilitarlos para entrar en acción con expectativas de buen suceso. Forjar tal alianza renovadora es algo que está al alcance de Latinoamérica, mucho más que en los casos de las otras grandes regiones del mundo en vías de desarrollo. En efecto, existen en ella, importantes y dinámicas agrupaciones profesionales de comunicación como FELAFACS, que cuenta con algo más de 1.000 facultades afiliadas; ALAIC, que conjuga a los investigadores del ramo; el Secretariado Conjunto de las Organizaciones Católicas de Comunicación; la FELAP, de los periodistas; la rama regional de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) y la ALER de los radialistas educativos. Igualmente están en la escena prestigiosas entidades internacionales como CIESPAL (Ecuador), INTERCOM (Brasil), el Instituto Prensa y Sociedad (Perú), y nacionales como el ININCO de la Universidad Central de Venezuela y el Instituto de Investigaciones de la UNAM de México. Hay, pues, en nuestra parte del mundo una base institucional de excepcional calidad e influencia. Pero, puesto que obviamente ninguna de esas organizaciones puede asumir el gran reto por sí sola, es indispensable y urgente que todas ellas conjuguen sus recursos humanos y materiales, mediante un Comité Permanente de Coordinación Internacional, encargado de diseñar y ejecutar un Programa Cooperativo Regional de Promoción de Políticas para Democratizar la Comunicación.</p>
<p><strong>¿Por dónde iniciar? </strong></p>
<p>Sus objetivos, lo digo reiterando lo que planteé en 2005, podrían ser estos:</p>
<ol>
<li>Realizar un inventario-diagnóstico de las características principales de la dominación y la dependencia en materia de comunicación en la región en la era de la Sociedad de la Información, asegurándose de que desemboque en un mapa de la naturaleza de los problemas, del estado de las políticas y de las posibilidades y limitaciones para la acción cooperativa solutoria.</li>
<li> Identificar –sistemática, conjugatoria y refinativamente– todas las conceptualizaciones propuestas en la región, en materia de políticas, analizarlas, armonizarlas y sintetizarlas en un planteamiento integral y coherente de bases para la formulación y aplicación de ellas a los niveles regional, nacional y local.</li>
<li>Diseñar, a partir de ambos estudios, una estrategia general de acción cooperativa, de horizonte quinquenal, para propiciar la implantación en todos los países de nuevas políticas apropiadas a la realidad actual cifradas primordialmente en la movilización social para comprometer con la causa a los principales tomadores de decisiones en los ámbitos político, empresarial y periodístico.</li>
<li>Divulgar, promover y negociar, a los niveles nacional y regional, la implementación de la estrategia quinquenal de acción cooperativa para la democratización de la comunicación.</li>
</ol>
<p><strong>¿Será este audaz y titánico esfuerzo equivalente a reinventar la utopía irrenunciable que animara a los rebeldes pensadores de los años del 70?</strong></p>
<p>No hay duda de que lo sería, pero –como nos lo enseñara el inolvidable maestro brasileño Paulo Freire– no en el sentido de lo idealista irrealizable, sino en el del proceso dialéctico de denunciar la estructura deshumanizante y anunciar la estructura humanizante.</p>
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		<title>La reinvención del compromiso</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Dec 2008 19:37:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chasquirevista</dc:creator>
				<category><![CDATA[El personaje]]></category>
		<category><![CDATA[Mario Nieves]]></category>
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		<description><![CDATA[Entrevista de Mario Nieves a José Marques de Melo, publicada en la revista Chasqui 104, en la cual hace un recuento de su trabajo como investigador, docente y analista del mejor producto de exportación de América Latina: la telenovela.

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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Entrevista de Mario Nieves a José Marques de Melo, publicada en la revista Chasqui 104, en la cual hace un recuento de su trabajo como investigador, docente y analista del mejor producto de exportación de América Latina: la telenovela.</p>
<div id="attachment_46" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><img class="size-medium wp-image-46" title="marques de melo" src="http://chasquirevista.files.wordpress.com/2008/12/con-cosete-castro1.jpg?w=300&#038;h=218" alt="José Marques de Melo" width="300" height="218" /><p class="wp-caption-text">José Marques de Melo</p></div>
<p><span id="more-43"></span></p>
<p><strong>En determinados momentos de su obra advierto cierta nostalgia y ciertas expresiones que parecieran definir la militancia del investigador. “Lucha”, “batalla”, “desafío”, son términos de ese compromiso. ¿Por qué la nostalgia y por qué el desafío?</strong><br />
La nostalgia es consecuencia del tiempo. Después de los 50 años, se tiene la tendencia a imaginar el mundo idílico de la infancia y la adolescencia. O acaso el hecho de que el mundo cambia tan rápidamente que uno no advierte que ha perdido su espacio. Pero no obstante esas percepciones de nostalgia, soy un ser muy optimista, tengo mucha esperanza en el futuro; me gustaría que el futuro fuera tan reconfortante como ha sido el pasado, aunque yo sepa que el pasado no siempre ha sido tan ordenado, tan justo ni tan grato para todos como yo desearía.<br />
Sobre el segundo aspecto que mencionas, estamos en un campo de conocimientos aún no legitimado social ni académicamente. Los estudios de comunicación son muy antiguos y su presencia en la universidad todavía no es una presencia tranquila, es una presencia que aún tiene sus influencias distintas y el campo no logró, como decimos en portugués, su sitio al sol. Significa que es un campo todavía lleno de conexiones con otras disciplinas y al mismo tiempo temido, porque la comunicación es un poder y se trata muchas veces de crear la sensación de que no es tan poderosa. El poder trata de controlar el poder de la comunicación. Vivimos en una sociedad en que la comunicación es un aparato para la dominación.</p>
<p>Más allá de  controlarlo, se trata de colocar ese poder a su favor.<br />
Claro, por eso hay una batalla por la libertad de comunicación, evitando que el Estado, las fuerzas de las empresas o las corporaciones asuman un papel de dominio total, esencialmente de la libertad. Pero a esta altura de mi vida tal vez sea más puntual la lucha dentro de lo que llamamos el campo académico.</p>
<p><strong>Usted habla de una no legitimación. Sin embargo, la extraordinaria producción de pensamiento sobre la comunicación en Brasil y particularmente la suya, que ocupa varias decenas de libros, ¿no constituye un signo de legitimación?</strong><br />
Hemos avanzado mucho. Cuando empecé en el campo, no había siquiera espacio propio para la comunicación. Hoy logramos al menos un espacio en el presupuesto del Estado, que ya reconoce el campo de la comunicación. Pero esta es una batalla, hay avances y recursos, retrocesos. Percibo la cuestión no solamente en Brasil, sino también en una perspectiva mundial. Everett Rogers, quien ha escrito la historia del estudio de la comunicación en Estados Unidos, enseñó lo difícil de plantear la cuestión de la comunicación en aquel país. Y ellos tuvieron la oportunidad —aprovechando la coyuntura de la segunda Guerra Mundial— de trabajar con el ejército y el Estado, y poner la comunicación al servicio de la guerra. Pero aquello no fue suficiente. Después de la guerra, aquel grupo de científicos que colaboró en la comunicación bélica, trató de ocupar su espacio en la universidad y ha sido una lucha tenaz, sobre todo Wilbur Schramm, que es el consultor del campo académico en Estados Unidos y ha tenido un papel fuerte con su liderazgo. Pero el campo ha crecido mucho y todavía no logró total legitimación.<br />
Es evidente que en países más ricos, como Estados Unidos, esa legitimación no tiene el mismo nivel que en América Latina. Aquí es una batalla que se entabla desde los cincuenta con la creación del CIESPAL. En el caso brasileño concretamente yo diría que el campo todavía carece de estabilidad. Tenemos un espacio en la universidad, son hoy casi mil carreras de comunicación en Brasil, que comprenden periodismo, relaciones públicas, radio, televisión y cine. Pero hay una constante oscilación en los planes de enseñanza y en la financiación.</p>
<p><strong>Hay también nostalgias académicas en muchas de sus reflexiones…</strong><br />
No, no acepto que se me considere un nostálgico. Soy un historiador y la historia evidentemente trabaja con el material del pasado. Yo me considero más confiado en el futuro que muchos colegas de mi generación, pero no podemos olvidar las lecciones de la historia.</p>
<p><strong>Entonces, ¿qué conclusiones extrae de esas materias del pasado?</strong><br />
América Latina es un continente que todavía no ha alcanzado su protagonismo en la historia, un continente lleno de injusticia, de miseria, de pobreza, de personas que tienen hambre, que no comen y que no se informan. En ese sentido sí pudiera decir que tengo nostalgia de la denuncia que ha hecho, por ejemplo, Eleazar Díaz Rangel con “La voz de los pueblos uniformados”. No es el hecho de tener aparatos de televisión y computadoras súper desarrolladas en el continente lo que hace de América Latina un continente desarrollado. Seguimos subdesarrollados, porque este tipo de solución beneficia solamente a las capas altas de la sociedad, mientras la población mayoritaria está excluida de eso. Se alimenta del sistema de comunicación que Luis Beltrán llamó folkcomunicación, que tiene sus propias lógicas, sus propias estructuras.<br />
Creo que necesitamos socializar la información para todos. Pero la comunicación no es algo disociado del contexto socioeconómico. Si la sociedad no distribuye el producto social entre toda la población, vamos a seguir con estos bolsones de miseria, de pobreza, mientras muchos de mis colegas se complacen creyendo que ya somos superdesarrollados tecnológicamente, mientras que hablar de subdesarrollo es hablar de algo arcaico y anacrónico. O sea, hay que seguir la batalla para mejorar la distribución de la renta, que toda la población tenga derecho a los bienes fundamentales, incluyendo la comunicación.</p>
<p><strong>¿Y cómo usted se plantea ese desafío desde los medios de comunicación?</strong><br />
Los medios de comunicación son industrias, entidades comerciales y se comportan de manera más soberbia que el propio Estado. Viven del mercado y por lo tanto tienen una relación de doble vía: ellos investigan el mercado y tratan de ofrecerle lo que quiere. No creo que haya un error en eso, el error está en que quienes manejan los medios de comunicación quieren imponer al pueblo lo que ellos imaginan que el pueblo debe querer.<br />
Yo prefiero educar al pueblo, yo creo que la educación es la llave para desarrollar la comunicación democrática. Si se ofrece el capital cognitivo, si hay información suficiente sobre los conocimientos básicos, las capas bajas de la población nunca van a demandar cosas de mejor nivel. Y hay varias experiencias que enseñan que cuanto más conocen los jóvenes, demandan mejores y más cosas en el futuro.</p>
<p><strong>¿Y cómo lograr eso que usted llama “sintonía con el mercado” sin poner en juego aspectos relacionados con la cultura o la educación, y sin que el mercantilismo quebrante otros fines?</strong><br />
No tengo la solución. Hay que investigar. Pero yo no creo que vayamos a alcanzar la democratización de la comunicación sin obtener primero la democratización de la sociedad, condiciones de vida suficientes para toda la población, distribución de renta y sobre todo escolarización, hacer que la gente tenga conocimientos suficientes para demandar lo mejor.</p>
<p><strong>La democratización de la comunicación nos lleva al problema de la diversidad cultural</strong>&#8230;<br />
Bueno, ese es un problema muy complejo. En primer lugar porque la diversidad cultural presupone el reconocimiento de la diferencia, y sobre todo la capacidad de crear autoestima en la población para valorar su diferencia cultural. Entonces, lo que tenemos hoy es una cultura mediada, globalizada, que tiene fuertes componentes de la cultura norteamericana porque los EEUU exportan su cultura para el mundo todo. Y una tendencia es ese tipo de patrón que durante todo el siglo XX fue exportado para todo el planeta. Yo creo que los EEUU son muy eficaces en ese tipo de industria. Y el hecho de que haya una crisis de autoestima en las poblaciones nacionales, la crisis de los nacionalismos, la idea de que vamos a ser un mundo único, eso ha creado dificultad para el desarrollo.</p>
<p><strong>¿Constituyen los medios de comunicación, particularmente la televisión, un espacio en que se manifieste la diversidad cultural?</strong><br />
Sí. Por ejemplo, cuando la televisión trata de imponer no solamente los programas importados. Aquí en América Latina, en Brasil particularmente, hubo un cambio en la televisión en los últimos cincuenta años; los primeros diez años de la televisión brasileña fueron de importación de programas, diez a veinte años. Yo diría que en los últimos treinta años tenemos la nacionalización de la televisión, que no es un fenómeno solamente brasileño, la población prefiere identificarse con los símbolos nacionales. En el caso brasileño eso viene de los años setenta y la Red Globo ha tenido un papel fundamental en eso, al buscar la producción de bienes comunicacionales televisivos que valoran la cultura brasileña. El pueblo se siente presente como si fuera un festejo y tal vez el ejemplo más contundente es el de las telenovelas. Las telenovelas son el producto latinoamericano más bien hecho en el sentido de que corresponde a esa traducción, a ese esquema de las identidades culturales.<br />
Pero muchas veces hay culturas que no son valoradas, que son dejadas afuera. Y yo creo que el papel de la televisión sería incluir a todos. Por eso las televisiones comunitarias, regionales, municipales, tienen que valorar sus propias culturas. La presencia en el mundo de la aldea global debe ser algo permanente, si nosotros no afirmamos nuestras identidades, vamos a perder nuestra propia razón de existir culturalmente.</p>
<p><strong>¿Es la diversidad un problema de investigación en el campo de la comunicación del Brasil?</strong><br />
No. Es un tema que apenas se empieza a plantear. No hay investigación latinoamericana en general, ni brasileña en particular. Y tal vez ahí yo sea muy crítico, en el sentido de parecer muchas veces pesimista, pero no lo soy. Es que no investigamos empíricamente, hay una sobrevalorización de la investigación teórica, del ensayismo, y pocos estudios empíricos, incluso cuantitativos. Y el hecho de que no midamos la realidad como es y tratemos de emplear mediciones que vienen de afuera o a través de variables que no son las esenciales, nos condujo a perder la visión de conjunto. Y en ese sentido la diversidad cultural no está reflejada, no está siquiera valorada todavía. Se empieza a hacer eso. Es que muchas veces la diversidad cultural significa buscar anacronismos, buscar valores del pasado que deberían ser colocados en la basura de la historia. Y eso significa dejar en el olvido comunidades, regiones, grupos sociales.</p>
<p><strong>Tales olvidos y abandonos contrastan, sin embargo, con los excesos del consumismo y sus crecientes espacios mediáticos ¿Cuál es su visión al respecto?</strong><br />
Mi visión no es apocalíptica. Yo no creo que el consumismo sea algo desechable por sí mismo. En sociedades injustas como la nuestra, donde la mayoría de la población no consume lo esencial, el consumismo es un fenómeno de las capas medias y altas y de las burguesías. Entonces es contradictorio hablar de consumismo en una sociedad que tiene la mayoría de la población buscando comida en la basura de las calles o comiendo solamente lo que les permite el subsidio gubernamental. En el caso de Brasil hoy tenemos bolsones de pobreza donde hay personas que no saben siquiera qué es consumo.<br />
Lo que es preocupante en el consumismo de las capas altas es la manipulación que se hace a través de las grandes empresas que venden productos, que crean necesidades artificiales. Pero es un problema, a mi juicio, ubicado en esas capas altas de la población. Lo mejor sería que tuviéramos un poco más de desarrollo cultural para que la gente supiera elegir sin la presión de la publicidad, por ejemplo.</p>
<p>Entonces, desde la perspectiva que usted sugiere, los pobres constituyen un desecho del consumismo. Permítame pasar a otro tema abordado por usted con cierta frecuencia en los últimos tiempos: la sociedad del conocimiento.<br />
Bueno, este es un tema de moda. Ahora todos hablan de la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento… Pero no podemos llegar a una sociedad del conocimiento sin pasar por una sociedad de la comunicación, que es la democratización de los medios. Pero la democratización de los medios necesita de la democratización de la educación, y la democratización de la educación presupone la democratización de las condiciones económicas. Entonces es una sucesión de etapas incumplidas que pasan una a otra sin realizarse, por lo que hay que volver al punto de partida y reinventar una sociedad justa, distributiva, donde sobre todo el conocimiento mismo que propicia la educación sea repartido entre todos.<br />
Muchas veces la sociedad del conocimiento es entendida como algo que va a ser conducido por máquinas, por la Internet, por las computadoras. Todo eso ayuda, sin duda alguna tenemos hoy mayor acceso al conocimiento, pero son pocos los que tienen esa posibilidad. Pensar en una sociedad del conocimiento excluyente no es el camino. Hay que pensar desde las bases, sin dejar de lado etapas que no fueron concluidas, algunas ni siquiera iniciadas.</p>
<p><strong>Se habla de una originalidad del pensamiento brasileño sobre comunicación. ¿En qué radica esa originalidad, cuáles son sus bases?</strong><br />
Hay que definir qué entiendes por “pensamiento original”. Creo que el pensamiento científico, humanista, es un pensamiento universal. No tenemos un pensamiento que sea distinto en ninguna parte. Hay un pensamiento nuestro, pero de raíz occidental que está en Grecia y en los clásicos de la cultura occidental. Y eso se trasmite a todas las sociedades occidentales, incluso aquellas que están ubicadas en otros continentes. Lo que hay de identidad es justamente que cada nación se ha constituido con sus propias marcas, de manera que su pensamiento traduce las características propias de nuestras sociedades nacionales. Cuando se habla de un pensamiento —del pensamiento brasileño, del pensamiento argentino, del pensamiento cubano, del pensamiento mexicano— no significa que aquellos estén disociados del pensamiento universal. Y las marcas vienen de las etapas de la historia. A cada momento nosotros actualizamos este pensamiento.<br />
En el caso brasileño yo diría que hay un esfuerzo de reflexión sobre los fenómenos comunicacionales, sobre todo en los últimos cuarenta o cincuenta años. Y eso indica que tenemos algunos pensadores originales que en la realidad están enraizados en el pensamiento que empezó aquí en el siglo XIX.<br />
El pensamiento comunicacional brasileño es un fenómeno de los años setenta, ochenta y noventa del siglo XX, que traduce las inquietudes de una comunidad de profesores, de investigadores de la comunicación, la tentativa de comprender la realidad nacional. Cuando vemos a un pensador como Paulo Freire, que ha sido un educador, un pedagogo, pero que ha creado una pedagogía de la comunicación, eso refleja un esfuerzo de pensar la comunicación educativa, la educación en comunicación, a partir de la realidad brasileña. Cuando tú tienes a un investigador como Luiz Beltrán pensando la comunicación en Brasil, empieza la comunicación dual que hay en Brasil, la comunicación de los grandes medios y la comunicación que se mantiene en las capas bajas de la población. Otro ejemplo más reciente: Muniz Sodré, un investigador que plantea otro enfoque sobre la comunicación…</p>
<p><strong>La comunicación de lo grotesco.</strong>..<br />
Así es. Él examina lo que hay de “grotesco” en la comunicación, los desvíos y los contrastes. Son maneras de pensar a partir de los valores brasileños. Y hay toda una serie de otros autores que tratan de valorar las marcas brasileñas. Pero no significa que estemos reivindicando una comunicación aparte del pensamiento universal. Tenemos mucho de tradición heredada.<br />
El pensamiento brasileño no está disociado del pensamiento latinoamericano, que es un pensamiento mestizo, que trata de poner en la licuadora todas las corrientes que vienen de Europa, de Estados Unidos, de la Unión Soviética, de China… adaptándolas a nuestras condiciones de sobrevivencia.</p>
<p><strong>¿En qué lugar ubica usted supropio esfuerzo dentro de este panorama? ¿Cuál ha sido la orientación principal de su pensamiento?</strong><br />
Yo no me considero un pensador original. No tengo contribuciones desde el punto de vista sustantivo, yo soy más bien un articulador, yo traté de ubicarme construyendo estructuras, tratando de desarrollar espacios para que los otros trabajen. Y desafortunadamente no he tenido tiempo de hacer tal vez lo que yo quisiera, desde el punto de vista de investigación original. Yo sigo investigando lo que las circunstancias me imponen, pero no significa que haya abandonado la tentativa de crear. Para mí, crear el campo ha sido más importante que situarme en una posición aislada, yo diría individualista, pensando solamente en mi obra y mi futuro. Yo he tenido cierto sentimiento muy colectivista y comunitario de crecer junto con los otros.</p>
<p><strong>En el campo de los hallazgos brasileños es inevitable el tema de la folkcomunicación. </strong><br />
La folkcomunicación es sin duda alguna la contribución más original del pensamiento brasileño y del pensamiento latinoamericano al pensamiento universal, pero todavía es una disciplina o una interdisciplina que no ha logrado condiciones de desarrollo suficientes. La intelectualidad brasileña es muy elitista, muy poco tolerante; la elite brasileña tiene la sensación de existir como si fuera un pedazo de la Europa clásica erudita aquí en Brasil y no solamente minimiza la cultura popular, rechaza la cultura popular como si fuera un anacronismo llamado a desaparecer con la civilización moderna.<br />
Pero la folkcomunicación se está desarrollando porque las nuevas generaciones descubren que no hay cómo salir del gheto comunicacional  en que estamos ubicados hoy, sin tener un conocimiento completo de la comunicación que se desarrolla en las comunidades periféricas, en las comunidades marginales, en los grupos sociales que son excluidos de la sociedad.<br />
El concepto de marginalidad de Luiz Beltrão no es una marginalidad económica, es una marginalidad sobre todo cultural. Aquí el concepto de diversidad cultural es fundamental. Cuando él publicó su segundo libro llamado Folkcomunicación de los marginados en el año 80, causó mucha controversia, mucha polémica, porque él trató la comunicación de los homosexuales, de las minorías políticamente incorrectas, de los grupos eróticos pornográficos. Ha hecho un mapa completo de todas esas manifestaciones que son muchas veces descritas por los antropólogos o por los sociólogos como si fueran un material pintoresco. Entonces la folkomunicación tiene el potencial de propiciar la democratización de la comunicación en Brasil y eso empieza a ocurrir ahora porque como nosotros estamos poco a poco incorporando bolsones de cerca de treinta o cuarenta por ciento de la población que vivía marginada en la sociedad, lo primero que quieren no es solamente comer y vestirse, quieren también comunicarse. Por ejemplo, en las favelas la gente prefiere tener primero un aparato de televisión, comunicarse con el mundo. Y las empresas de comunicación que atienden este mercado que empieza a consumir también, necesitan atender a sus demandas y entonces trata de rescatar los valores de la cultura popular para ponerla en los medios de comunicación.</p>
<p><strong>Usted ha contribuido personalmente a ese rescate.</strong><br />
Yo diría que no personalmente, sino la cátedra UNESCO. Cuando nosotros instalamos la cátedra UNESCO de Comunicación en Brasil en 1996  teníamos dos ejes de actividades: la salud y la cultura. Y dentro de la cultura valoramos la cultura popular. De ahí el descubrimiento de la folkcomunicación. La cátedra UNESCO ha creado algunos seminarios, algunas difusiones sobre el tema. En el año 1998 hicimos una conferencia en Sao Paulo, donde participaron unas treinta o cuarenta personas que trataron de mantener un movimiento que dio lugar a una red brasileña de investigadores de folkcomunicación que se reúne cada año con más participantes y más investigaciones. Hay incluso una revista internacional de folkcomunicación. Es una corriente que se está desarrollando. Mi participación es más bien una contribución para el estímulo. Yo nunca he sido un investigador de folkcoimunicación, yo trabajé más sobre los temas del periodismo, de la comunicación, de la historia de la comunicación, pero últimamente invitado para participar en congresos, en cursos, en charlas, en conferencias, yo he intentado redescubrir el pensamiento folkcomunicacional de Luiz Beltrão  y he hecho una contribución con un libro publicado a principios de este año titulado Medios y cultura popular, un aporte que presenté para intentar ordenar mejor los estudios de folkcomunicación en el Brasil.</p>
<p><strong>Usted ha afirmado que el pensamiento comunicacional latinoamericano se desplaza entre la hegemonía y la crítica. ¿Dónde se coloca su producción intelectual? </strong><br />
Yo soy un hombre de diálogo, de tentativas de comprensión del todo. Yo me considero un intelectual holístico. Si tú consideras el pensamiento hegemónico como un pensamiento conservador, entonces soy un pensador crítico. Buena parte de mi formación está ubicada en dos corrientes: yo soy un pensador que ha sido educado a partir de una corriente que llamaría humanística cristiana y otra que es el pensamiento marxista. Yo he hecho una incursión por estos dos campos del pensamiento. Pero no me considero alguien que esté en uno u otro, yo he tratado de hacer la correlación entre dos corrientes.</p>
<p><strong>Entra en diálogo con ambas, digamos.</strong><br />
Diálogo creativo. Yo creo que el pensamiento latinoamericano es un pensamiento que trata de recoger las contribuciones de los dos campos. Por ejemplo Paulo Freire, un pensador católico cristiano que incorporó ciertas ideas del marxismo, a la vez que pensadores marxistas incorporan valores del humanismo.<br />
Yo tengo muchas veces una resistencia a aceptar el rótulo de pensamiento crítico. Muchas veces el pensamiento crítico es tomado como algo radical. Yo creo que el pensamiento crítico trata de hacer una síntesis para la construcción del mundo del futuro. Lo que llamamos pensamiento crítico muchas veces se coloca en una posición inercial. ¿Dónde está el punto de mi recelo del pensamiento crítico, tal como es cultivado por algunas corrientes en América Latina? Es un pensamiento que  desconoce la necesidad de intervención en la sociedad. Entonces me considero  alguien que tiene alguna contribución al pensamiento comunicacional, al pensar la comunicación para construirla mejor. Y la mayoría de los pensadores de nuestro campo son personas que están ubicadas en la crítica de la comunicación sin pensar en las alternativas. Yo creo que el pensamiento crítico ideal es aquel que hace la crítica, pero que sugiere posibilidades de cambiar el mundo que está siendo criticado. No es solamente hacer el diagnóstico y lavarse las manos, hay que intervenir.</p>
<p><strong>¿Cómo ve el pensamiento latinoamericano sobre comunicación hoy? ¿Cuáles son sus principales rasgos y representantes?</strong><br />
Yo he hecho una especie de sistematización de lo que llamé la escuela latinoamericana de comunicación, refiriéndome particularmente a una comunidad que perteneció a la generación de los años sesenta y setenta, que era una generación antiimperialista, pro desarrollista, nacionalista, que buscaba entender a América Latina como continente  que estaba fustigado por el imperialismo norteamericano y trataba de buscar salida para sus propios problemas. Esta corriente se desarrolló en el exilio, porque tuvimos todos esos años gobiernos militares, gobiernos represivos que no permitían el desenvolvimiento de las ideas progresistas en el continente. Entonces esta diáspora que es liderada a mi juicio por Luis Ramiro Beltrán, Antonio Pasquali, Rafael Rocagliolo, Mario Kaplún y varios otros, es una corriente que ha tenido mucha difusión dentro y fuera del continente. Y la esperanza que yo tenía es que particularmente ese tipo de pensamiento original —mezclando las diferentes corrientes— pudiera sobrevivir.<br />
Pero hoy yo tengo dudas sobre el pensamiento latinoamericano, porque la nueva generación que está en las universidades es una generación que no valora a América Latina. Yo veo a la Región como si fuera una ficción en la vida de las universidades. Hay un libro de García Canclini, publicado recientemente, que dice que América Latina sobrevive en el exilio. Yo espero que las nuevas generaciones puedan descubrir lo que hay de nuestras identidades, porque si no, no sobreviviremos como cultura en este mundo globalizado. Hay posibilidades de una sociedad multicultural, pero depende también de una multipolaridad política y económica. Ese es un desafío para los nuevos liderazgos. Tal vez ahí, regresando al punto inicial, yo sea un poco nostálgico.</p>
<p style="text-align:right;">Natal, Río Grande del Norte<br />
Otoño de 2008</p>
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		<title>En busca del cronista mayor</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Dec 2008 19:28:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chasquirevista</dc:creator>
				<category><![CDATA[El personaje]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[entrevista]]></category>
		<category><![CDATA[Germán Castro Caycedo]]></category>

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		<description><![CDATA[Entrevista a Germán Castro Caycedo para la edición 103 de la revista Chasqui. El autor de "El palacio sin máscara", su más reciente obra, conversa sobre su oficio y las publicaciones actuales.<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=chasquirevista.wordpress.com&blog=2847369&post=39&subd=chasquirevista&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:left;"><strong>Un charla con Germán Castro Caycedo</strong></p>
<p>Para el cronista viajar es una conexión indisociable con la escritura, por ello, no es fácil encontrarlo en un sitio fijo, siempre está moviéndose, conociendo gente, descubriendo historias. La ubicuidad es el don más importante de los cronistas, junto con el poder de conversación y de observación.</p>
<p style="text-align:left;">Encontrar al mayor representante de la crónica latinoamericana es fácil, pues además de sus constantes periplos, la comunicación virtual del correo electrónico no es afortunada, aunque esté permanentemente en la red social de Facebook con su perfil, grupos de admiradores y seguidores y un espacio dedicado a su último libro. Un celular nunca se encontró y varios correos no fueron suficientes. El hombre sabe cómo esconderse y, al mismo tiempo, estar presente: cualidad de un buen cronista, también, para pasar desapercibido e integrarse como alguien más de la comunidad, del paisaje, del entorno…</p>
<p style="text-align:left;">Pero luego de una gran odisea se pudo establecer el lazo con el hombre que mejor ha contado la realidad de su país, al heredero de Martí y de Rubén Darío, pero también al seguidor de la metodología usada por Malinowski para comprender la cultura del otro.</p>
<p style="text-align:left;">Germán Castro Caycedo está de viaje e hizo un alto para hablar con Chasqui de lo que mejor sabe: la crónica.</p>
<p style="text-align:left;">Las fotos lo muestran siempre risueño, y su voz confirma esa postura ante la vida, a pesar de que denota una carraspera típica del cachaco (serrano, del altiplano, etc.), su tono da confianza y serenidad para conversar amigablemente de cualquier tópico.</p>
<p style="text-align:left;"><span id="more-39"></span><strong>Don Germán, hace unos meses se reunieron en torno a la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano para hablar de los nuevos cronistas de Indias…</strong><br />
No hay nuevo periodismo, ni nuevos periodistas: lo que existen son nuevos temas. La crónica nació con la llegada de los conquistadores a América, nació con el descubrimiento, a través de los cronistas de Indias.<br />
<em></em></p>
<p style="text-align:left;"><strong>Entonces la crónica es la misma…</strong><br />
La crónica ha evolucionado permanentemente hasta que ahora se la conoce como el reportaje, que fue acuñado en Colombia por un periodista que en París escuchó el término “reportage”, entonces dijo no le digamos crónica si no reportaje, porque crónica suena a indios y nosotros somos blancos. Este es un país racista, poblado por un mestizaje vergonzante. Entonces le pusieron reportaje pero es lo mismo que la crónica.<br />
<em></em></p>
<p style="text-align:left;"><strong>¿El Nuevo Periodismo es nuestra crónica?</strong><br />
Ese término es de los Estados Unidos. Nosotros hacemos crónicas por más de cinco siglos. El Nuevo Periodismo no tiene nada que ver con Colombia –y por ende, ni con América Latina- (nota del editor), como no tiene nada que ver con Colombia el Realismo Mágico, que es el título de un libro crítico de pintura, escrito por el 1800 en Alemania. Se refiere a una escuela de pintura alemana…</p>
<p style="text-align:left;"><strong>Por lo que esperamos que desde fuera nos digan qué es lo que somos, nos etiquetan desde allá y no lo hacemos nosotros.</strong><br />
Al menos en Colombia, que es un país sin identidad; un país que ha creído que el nacimiento y el fin de la cultura es Miami y todo lo copian de allí… El problema de Colombia es esa falta de identidad cultural.</p>
<p style="text-align:left;"><strong>Refiriéndonos al oficio del cronista, ¿cuánto le sirvió a usted haber pasado esos tres años estudiando Antropología. Le sirvieron las técnicas de entrada de campo, de observación…?</strong><br />
Básicamente fue eso: las técnicas de observación de campo, la metodología para identificar lo que son las culturas, para reconocer y ubicar los parámetros con los cuales se define la cultura. Yo he encontrado, por ejemplo, en Ecuador a los huaorani, que fueron contactados por monseñor Alejandro Labaka Ugarte. Ellos son gente mucho más culta que los mestizos que vamos por allá, porque conocen más su tierra, su entorno; conocen más su propio ser que nosotros mismos, conocen más su cosmogonía. Son más cultos que nosotros.</p>
<p style="text-align:left;"><strong>Con esta experiencia, ¿sería una buena recomendación desarrollar más estas técnicas de entrada al campo y de observación en lugar de como se vienen presentando las materias de investigación en las facultades de Comunicación?</strong><br />
Obviamente es muchísimo más importante y es algo que no enseñan en las facultades de Comunicación, a pesar de que en nuestros países la crónica tiene una tradición de más de cinco siglos. Y es curioso, porque a pesar de que copiamos mucho de fuera, en Europa, hace dos siglos, se dieron cuenta de que el periodismo tiene que surgir con el resto de la índole de cada pueblo, conocerse y verse a sí mismo, es decir, mirando para quienes se escribe, a cuentas de hacer un buen periodismo. Eso es lo que he hecho en mis reportajes, que incluyen entrevistas, crónicas, investigación…</p>
<p style="text-align:left;"><strong>Los medios que privilegian la inmediatez de la información están matando a la crónica y al reportaje?</strong><br />
Desde luego que sí. Hace dos décadas, los diarios en mi país acordaron que la única forma como podían contrarrestar a la inmediatez de la radio y la televisión era yendo hacia lo que hacían las revistas y los libros. Pero ahora han hecho lo contrario: se dedican a dar una serie de “flashes” que son noticias de radio y televisión. La noticia es informar qué sucedió. La crónica y el reportaje es decir por qué sucedió, cómo sucedió, dónde sucedió.</p>
<p style="text-align:left;"><strong>¿Cómo ubicar la crónica frente a estos medios, por qué no encontramos muchos cronistas audiovisuales?</strong><br />
Tampoco se han desarrollado. Yo hice crónica en televisión durante 20 años, o reportajes que es lo mismo. Pero había en esa época algo. En Europa, desde luego sigue haciéndose. En Colombia no se hace porque dicen que como están grabando todo… Entonces para qué más.</p>
<p style="text-align:left;"><strong>Frente a Internet, cómo ve el desarrollo de la crónica.</strong><br />
Internet tiene el mérito de que todos se vinculan al periodismo, todo el mundo da información, pero no toda es confiable. Muy poco de lo que se encuentra en Internet es para fiarse de ello. No hay duda de que allí todo el mundo está volcado a generar información, pero hay que tener cuidado.<br />
<strong></strong></p>
<p style="text-align:left;"><strong>Frente a ese gran consumo,¿ por qué no hay desarrollo de crónica para Internet?</strong><br />
Porque esos escritores, esos informadores no tienen la formación en periodismo, de cronistas, principalmente. Yo no consulto mucho Internet porque no me da confiabilidad y porque los principios del periodismo dicen que hay que ir donde ocurren las cosas, conocer a la gente y sus costumbres. Y eso no me lo da Google; allí no encuentro cómo me sentiría en la selva; tengo que estar allá para sentirlo, no encontrarlo en un buscador. Para mí Internet no es de gran ayuda porque no es lo mismo buscar huaorani en Google, capaz que sale salvajes y en nada lo son. Tengo que buscar al huaorani en el Curaray y vivir 15 días con ellos, con el amigo de monseñor Labaka, por ejemplo, conocer su forma de vida, su jornada de trabajo y hablar con él, comprender cómo es su vida y escuchar sus historias, por ejemplo la de la muerte de su padre para comprenderlos como pueblo guerrero.</p>
<p style="text-align:left;"><strong>Pero ¿cómo cautivar a los nuevos lectores que consumen medios audiovisuales y que todo lo quieren encontrar en la Red?</strong><br />
Pues hay que hacer lo mismo para escribir un libro. Hay que conocer la realidad de primera mano, conocer las costumbres que son diferentes a uno y aceptar que hay culturas diferentes y no juzgarlas desde la concepción de uno. Debemos romper ese etnocentrismo y esa ignorancia de querer juzgar a los demás desde nuestra cultura. Y hay que usar la misma técnica y metodología para escarbar en la realidad, nada más.</p>
<p style="text-align:left;"><strong>Si la cultura del latinoamericano está en la crónica, y los medios copian estos “flashes” informativos, por qué no construir historias de largo aliento y que los medios no salgan diariamente…</strong><br />
No sé qué opinen los directores de los medios. A mí me da la impresión de que ellos cortaron con el ayer y se dedicaron a copiar lo que se hace en Miami. Ahora en el periodismo es más importante decir qué pasó, pero por la inmediatez se produce una serie de errores porque no hay tiempo de confirmar nada.</p>
<p style="text-align:left;"><strong>¿Cuánto tiempo madura una crónica?</strong><br />
El libro que escribí parte en Ecuador y parte en España, sobre monseñor Labaka. Me tomó un año y medio. Primero fui a conocer Guipúzcoa, en el País Vasco, donde él nació; viví las costumbres de esa nación, entendí las costumbres en torno a las cuales creció monseñor y luego fui al Ecuador, para vivir en los sitios que él vivió. Lo viví en cada lugar. Eso duró año y medio.</p>
<p style="text-align:left;"><strong>Pero las crónicas en los medios diarios, son como incompletas, como un ejercicio al que le falta terminar, llegar a una conclusión…</strong><br />
Una crónica como esta de los huaorani, que hice, si un director de periódico quiere publicarla, debe enviar por lo menos 20 días a un muchacho para que viva un poquito la realidad y luego la escriba. El periodismo del consumo diario no es un periodismo de fondo.</p>
<p style="text-align:left;"><strong>Existen publicaciones, principalmente revistas que fomentan la crónica, como Gatopardo, Etiqueta Negra o Soho…</strong><br />
Sí, son importantes. Yo colaboré con Gatopardo por mucho tiempo. Por ejemplo, mientras yo estaba escribiendo Candelaria, esa historia termina en el Ártico, en el círculo polar, en Rusia, entonces tenía que irme hasta allá, y la gente de Gatopardo me dijo “ya que te vas por allá, por qué no nos haces una crónica de los indios esquimales de esa parte del mundo”. Y me fui para allá y estuve con ellos, con los esquimales, conociendo sus costumbres. Y eso no se encuentra en Internet. En el buscador no existe cómo es la noción del tiempo o cómo describen los colores cuando hay oscuridad o luz durante las 24 horas, eso hay que vivirlo, estar allí.</p>
<p style="text-align:left;"><strong>Hay algunos editores de medios impresos que dicen que las descripciones aburren al lector, que no hay que describir sino mencionar…<br />
</strong>Si el editor es un gran periodista no va a decir eso, además tampoco se trata de describir mucho, sino de dar tres o cuatro plumazos bien vividos. <strong><br />
</strong></p>
<p style="text-align:left;"><strong>¿Cómo está usted frente a la tecnología, cómo se puede la utilizar para la crónica?</strong><br />
Yo estoy muy bien frente a la tecnología. He sido de los primeros periodistas en mi país que ha usado computadora. Solo he escrito dos libros en máquina de escribir, los demás, dieciséis, los he hecho en computadora. La crónica tiene su metodología y para Internet, radio o televisión es el mismo trabajo de campo, el mismo sistema que para escribir para un diario o una revista. Yo he sido de los primeros periodistas que ha usado computador, pero no uso Google para conocer la realidad.</p>
<p style="text-align:left;"><strong>¿Por qué no ha vuelto a la televisión?</strong><br />
Porque luego de 20 años era necesario cambiar, a pesar de que estaba muy contento. Preferí dedicarme solo a escribir libros y trabajar para mí.<br />
¿No ha tenido la intención de hacer un documental extenso o una película?<br />
No, no, pero voy a volver a la televisión en un canal local de Bogotá, que se llama Canal Capital. Ya he trabajado dos meses y voy a regresar a editar. Son historias de ciudad. Inicialmente arranco con grupos de jóvenes como los hip hop, skinheads, los grafiteros, todos estos jóvenes que han copiado de los Estados Unidos y no sé hasta qué punto lo que están haciendo sea una manifestación de su manera de ser.</p>
<p style="text-align:left;">En un mes regresará a Bogotá para continuar con su trabajo audiovisual de descubrir nuevas culturas urbanas; luego de haber hecho un alto de dos décadas en la televisión. Desde mañana será más ubicuo e inencontrable, pero de seguro estará observando realidades, comprendiendo culturas y conversando con la gente para luego entregarnos una crónica o un reportaje, que para él son lo mismo, y así, entender a quienes son diferentes a nosotros, pero iguales en humanidad, pues los cronistas nos han relatado muchas aventuras y sucesos, pero nos cuentan los temas de siempre del ser humano: amor, odio, venganza, alegría… En fin, en todo aquello en lo que nos parecemos.</p>
<p style="text-align:right;">Julio 2008</p>
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		<title>Germán Castro Caycedo</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jul 2008 22:22:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chasquirevista</dc:creator>
				<category><![CDATA[El personaje]]></category>
		<category><![CDATA[Castro Caycedo]]></category>
		<category><![CDATA[Chasqui 103]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo narrativo]]></category>
		<category><![CDATA[personaje]]></category>

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		<description><![CDATA[El personaje de nuestra edición 103 será el escritor de reportajes y crónicas Germán Castro Caycedo.
Como ningún otro periodista, Castro ha hecho de la escritura de largo aliento su especialización y en libros como El Karina, Hágase tu voluntad, Colombia amarga, El hueco y el más reciente, El palacio sin máscara, retrata momentos y hechos [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=chasquirevista.wordpress.com&blog=2847369&post=36&subd=chasquirevista&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><a href="http://chasquirevista.files.wordpress.com/2008/07/gccaycedo.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-38" style="border:5px solid black;margin:5px;" src="http://chasquirevista.files.wordpress.com/2008/07/gccaycedo.jpg?w=153&#038;h=200" alt="Germán Castro Caycedo" width="153" height="200" /></a>El personaje de nuestra edición 103 será el escritor de reportajes y crónicas Germán Castro Caycedo.</p>
<p>Como ningún otro periodista, Castro ha hecho de la escritura de largo aliento su especialización y en libros como <strong>El Karina</strong>, <strong>Hágase tu voluntad</strong>, C<strong>olombia amarga</strong>, <strong>El hueco</strong> y el más reciente, <strong>El palacio sin máscara</strong>, retrata momentos y hechos de la historia colombiana y latinoamericana.</p>
<p>Hacemos un llamado a los periodistas que han leído su obra y, principalmente, a quienes la han analizado en universidades y centros de formación de periodistas, para que colaboren con Chasqui.</p>
<p>El plazo de entrega de los textos es el 3 de agosto.</p>
<p>Si tienen interés por conocer más, contactarse con el editor al correo <a href="mailto:chasquirevista@gmail.com">chasquirevista@gmail.com</a></p>
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		<title>Comunicación: una agenda entre nuestras culturas</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jun 2008 20:02:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chasquirevista</dc:creator>
				<category><![CDATA[A fondo]]></category>
		<category><![CDATA[agenda cultural]]></category>
		<category><![CDATA[chasqui]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Martín-Barbero]]></category>

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		<description><![CDATA[“Entre el atrincheramiento fundamentalista y la homogeneización mercantilizada hay lugar para estudiar y discutir qué puede hacerse desde las políticas culturales a fin de que las alianzas económicas no sirvan sólo para que circulen libremente los capitales sino también las culturas(.) ‘Lo latinoamericano’ no es un destino revelado por la tierra ni por la sangre: [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=chasquirevista.wordpress.com&blog=2847369&post=32&subd=chasquirevista&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><h6 style="text-align:right;">“Entre el atrincheramiento fundamentalista y la homogeneización mercantilizada hay lugar para estudiar y discutir qué puede hacerse desde las políticas culturales a fin de que las alianzas económicas no sirvan sólo para que circulen libremente los capitales sino también las culturas(.) ‘Lo latinoamericano’ no es un destino revelado por la tierra ni por la sangre: fue muchas veces un proyecto frustrado; hoy es una tarea relativamente abierta y problemáticamente posible”.<br />
N. García Canclini</h6>
<p><strong>Las identidades ciudadanas en los procesos de desarrollo</strong></p>
<p>Entre los años sesentas y setentas se gesta una concepción del desarrollo que lo convierte en una especie de entorno cognitivo y horizonte social desde donde pensar y hacer política, con los que se reinterpretaba el pasado y se diseñaba el futuro. “Parecía imposible conceptualizar la realidad social en otros términos (…) con lo que la realidad era así colonizada por el discurso” (Escobar, 1999); un discurso que anulaba la distancia indispensable para pensar el desarrollo, no como proceso de la realidad sino como discurso desde el cual era percibida. De esa manera, el discurso del desarrollo se transformó en la mirada desde la que se veían subdesarrollados los habitantes de los países del –entonces llamado– tercer mundo y desde la que, por lo tanto, se veían uniformados sin el menor respeto por el espesor de sus diferencias.</p>
<p><span id="more-32"></span></p>
<p>Pensada desde el desarrollo, la transformación de nuestras tradicionales sociedades en modernas entrañó dejar por fuera sus más propias expresiones y diferencias culturales tacahadas de supersiticiones. El modelo desarrollista de modernización de los años sesentas y setentas no supo ni pudo percibir, y aun menos valorar, la diversidad de culturas desde las que estos países buscaban hacerse modernos.</p>
<p>La manera como opera hoy el discurso de la globalización no hace sino reforzar aquella colonización del pensamiento y de la acción política que comenzó con el proceso de la modernización desarrollista: tampoco ahora parece pensable la sociedad en su conjunto sino en cuanto objeto de la acción globalizadora que ha pasado a impregnar tanto nuestras categorías mentales como los proyectos políticos. Apoyada en sus dimensiones tecno-económicas, la globalización pone en marcha un proceso de interconexión a nivel mundial, que conecta todo lo que instrumentalmente vale –países, empresas, instituciones, individuos– al mismo tiempo que desconecta todo lo que no vale para esa razón mercantil.</p>
<p>Hoy, lo nuevo es que ese proceso de inclusión/exclusión a escala planetaria está convirtiendo a la cultura en espacio estratégico de compresión de las tensiones que desgarran y recomponen el “estar juntos”, y, en lugar de anudamiento de todas sus crisis: sean políticas económicas o religiosas. Es entonces, desde la diversidad cultural de las historias nacionales y los territorios regionales, desde las etnias y otras agrupaciones locales, desde las distintas experiencias y las memorias, desde donde no sólo se resiste sino que se negocia e interactúa con la globalización, y desde donde se acabará por transformarla. Pues lo que hoy galvaniza a las identidades como motor de lucha es inseparable de la demanda de reconocimiento y de sentido (Taylor). Y ni el uno ni el otro son formulables en meros términos económicos o políticos, ya que ellos se hallan referidos al núcleo mismo de la cultura en cuanto mundo del pertenecer a y del compartir con. Razón por la cual, como lúcidamente ha planteado Castells, la identidad se constituye hoy en la fuerza más capaz de introducir contradicciones en la hegemonía de la razón instrumental.</p>
<p>Cuestión crucial, pues o las construcciones identitarias son asumidas como dimensiones claves para los modelos y procesos del desarrollo de los pueblos o ellas tenderán a atrincherarse colocándose en una posición de antimodernidad a ultranza, con el consiguiente reflotamiento de los particularismos étnicos y raciales. Si lo que constituye el verdadero sentido y fuerza del desarrollo es la capacidad de las sociedades de actuar sobre sí mismas y de modificar el curso de los acontecimientos y los procesos, la forma globalizada que hoy asume la modernización choca y exacerba las identidades generando tendencias fundamentalistas frente a las cuales es necesaria una nueva conciencia de identidad cultural “no estática ni dogmática, que asuma su continua transformación y su historicidad como parte de la construcción de una modernidad sustantiva” (Calderón et al, 1996); esto es, de una nueva concepción que supere su identificación con la racionalidad puramente instrumental, a la vez que revalorice su impulso hacia la universalidad como contrapeso a los particularismos y los ghettos culturales. Lo que a su vez está exigiendo una nueva concepción de desarrollo en la que quepan los diferentes modos y ritmos de inserción de las poblaciones, de sus culturas, en la modernidad.</p>
<p>La deslegitimación que la globalización opera sobre las tradiciones y las costumbres desde las que, hasta hace bien poco, nuestras sociedades elaboraban sus “contextos de confianza” (Brunner, 1994) está desmoronando la ética y desdibujando el hábitat cultural. Allí arraigan algunas de nuestras más secretas y enconadas violencias, pues las gentes pueden, con cierta facilidad, asimilar los instrumentos tecnológicos y las imágenes de modernización, pero sólo muy lenta y dolorosamente pueden recomponer su sistema de valores, de normas éticas y virtudes cívicas.</p>
<p><strong>Comunicación de las culturas en una sociedad globalizada</strong><br />
Entender la actual mutación cultural que atravesamos nos está exigiendo asumir que identidad significa e implica dos dimensiones distintas y, hasta ahora, radicalmente opuestas. Hasta hace muy poco, decir identidad era hablar de raíces, de raigambre, territorio y de tiempo largo, de memoria simbólicamente densa. De eso y solamente de eso estaba hecha la identidad. Pero hoy decir identidad implica también –si no queremos condenarla al limbo de una tradición desconectada de las mutaciones perceptivas y expresivas del presente– hablar de redes y de flujos, de migraciones y movilidades, de instantaneidad y desanclaje.<br />
Antropólogos ingleses han expresado esa nueva identidad a través de la espléndida imagen de moving roots, raíces móviles o, mejor, de raíces en movimiento. Para mucho del imaginario substancialista y dualista que todavía permea la antropología, la sociología y hasta la historia, esa metáfora resultará inaceptable y, sin embargo, en ella se vislumbra alguna de las realidades más fecundamente desconcertantes del mundo que habitamos. Pues como afirma el antropólogo catalán Eduard Delgado “sin raíces no se puede vivir pero muchas raíces impiden caminar” (2000).</p>
<p>El nuevo imaginario relaciona la identidad mucho menos con mismidades y esencias y mucho más con trayectorias y relatos, para lo cual la polisemia en castellano del verbo contar es largamente significativa. Contar significa tanto narrar historias como ser tenidos en cuenta por los otros; lo que entraña que para ser reconocidos necesitamos contar nuestro relato, pues no existe identidad sin narración ya que ésta no es sólo expresiva sino constitutiva de lo que somos (Bhabha). Para que la pluralidad de las culturas del mundo sea políticamente tenida en cuenta es indispensable que la diversidad de identidades pueda ser contada, narrada en cada uno de sus idiomas y en el lenguaje multimedial que hoy los atraviesa mediante el doble movimiento de las traducciones –de lo oral a lo escrito, a lo audiovisual, a lo hipertextual– y de las hibridaciones. Esto es, de una interculturalidad en la que las dinámicas de la economía y la cultura-mundo movilizan no sólo la heterogeneidad de los grupos y su readecuación a las presiones de lo global sino la coexistencia al interior de una misma sociedad de códigos y relatos muy diversos, conmocionando así la experiencia que hasta ahora teníamos de identidad.</p>
<p>Lo que la globalización pone en juego no es sólo una mayor circulación de productos sino una rearticulación profunda de las relaciones entre culturas y entre países, mediante una des-centralización que concentra el poder económico y una des-territorialización que hibrida las culturas.<br />
Si tanto individual como colectivamente las posibilidades de ser reconocidos, de ser tenidos en cuenta y contar en las decisiones que nos afectan, dependen de la expresividad y eficacia de los relatos en que contamos nuestras historias, ello es aún más decisivo en este permanente “laboratorio de identidades” que es América Latina.</p>
<p>Haré a mano alzada algunos trazos del mapa en que se sitúan los principales cambios en el mapa de las identidades culturales: las formas de supervivencia de las culturas tradicionales, las oscilaciones de la identidad nacional y las aceleradas transformaciones de las culturas urbanas.</p>
<p><strong>El mapa de las identidades en América Latina</strong><br />
En lo que se refiere las culturas tradicionales –campesinas, indígenas y negras– estamos ante una profunda reconfiguración de esas culturas, que responde no sólo a la evolución de los dispositivos de dominación, sino también a la intensificación de su comunicación e interacción con las otras culturas de cada país y del mundo (Bayardo y Lacarreu). Desde dentro de las comunidades esos procesos de comunicación son percibidos, a la vez, como otra forma de amenaza a la supervivencia de sus mundos –la larga y densa experiencia de las trampas a través de las cuales han sido dominadas–, pero al mismo tiempo la comunicación es vivida como una posibilidad de romper la exclusión, como una experiencia de interacción que si comporta riesgos también abre nuevas figuras de futuro. Ello está posibilitando que la dinámica de las propias comunidades tradicionales desborde los marcos de comprensión elaborados por los antropólogos y los folcloristas: hay en esas comunidades menos complacencia nostálgica con las tradiciones y una mayor conciencia de la indispensable reelaboración simbólica que exige la construcción del futuro (García Canclini, 1990).</p>
<p>Así lo demuestran la diversificación y el desarrollo de la producción artesanal en una abierta interacción con el diseño moderno y hasta con ciertas lógicas de las industrias culturales, el desarrollo de un derecho propio a las comunidades, la existencia creciente de emisoras de radio y televisión programadas y gestionadas por las propias comunidades, y hasta la presencia del movimiento zapatista que proclama por Internet la utopía de los indígenas mexicanos de Chiapas.</p>
<p>A su vez esas culturas tradicionales cobran hoy para la sociedad moderna una vigencia estratégica en la medida en que nos ayudan a enfrentar el trasplante puramente mecánico de culturas, al tiempo que, en su diversidad, ellas representan un reto fundamental a la pretendida universalidad deshistorizada de la globalización y su presión homogeneizadora.</p>
<p>La identidad nacional se halla hoy doblemente des-ubicada: pues de un lado la globalización disminuye el peso de los territorios y los acontecimientos fundadores que telurizaban y esencializaban lo nacional, y de otro, la revaloración de lo local redefine la idea misma de nación.</p>
<p>Mirada desde la cultura-mundo, la nacional aparece provinciana y cargada de lastres estatistas y paternalistas. Mirada desde la diversidad de las culturas locales, la nacional equivale a homogeneización centralista y acartonamiento oficialista (Schwarz, 1987). De modo que es tanto la idea como la experiencia social de identidad la que desborda los marcos maniqueos de una antropología de lo tradicional-autóctono y una sociología de lo moderno-universal. La identidad no puede, entonces, seguir siendo pensada como expresión de una sola cultura homogénea, perfectamente distinguible y coherente. El monolingüismo y la uniterritorialidad, que la primera modernización reasumió de la Colonia, escondieron la densa multiculturalidad de que estaba hecha cada nación y lo arbitrario de las demarcaciones que trazaron las fronteras de lo nacional. Hoy, las identidades nacionales son cada día más multilingüísticas y transterritoriales. Y se constituyen no sólo de las diferencias entre culturas desarrolladas separadamente, sino mediante las desiguales apropiaciones y combinaciones que los diversos grupos hacen de elementos de distintas sociedades y de la suya propia.</p>
<p>A la revalorización de lo local se añade el estallido de la, hasta hace poco unificada, historia nacional por el reclamo que los movimientos étnicos, raciales, regionales, de género, hacen del derecho a su propia memoria (Nora, 1992), esto es, a la construcción de sus narraciones y sus imágenes. Reclamo que adquiere rasgos mucho más complejos en países en los que, como no pocos en América Latina, el Estado está aún haciéndose nación y cuando la nación no cuenta con una presencia activa del Estado en la totalidad de su territorio.</p>
<p>Pero es en la ciudad, en las culturas urbanas mucho más que en el espacio del Estado, donde se incluyen las nuevas identidades: hechas de imaginerías nacionales, tradiciones locales y flujos de información trasnacionales, y donde se configuran nuevos modos de representación y participación política, es decir, nuevas modalidades de ciudadanía, que es a donde apuntan los nuevos modos de estar juntos –pandillas juveniles, comunidades pentecostales, ghettos sexuales– desde los que los habitantes de la ciudad responden a unos salvajes procesos de urbanización, emparentados, sin embargo, con los imaginarios de una modernidad identificada con la velocidad de los tráficos y lo fragmentario de los lenguajes de la información.</p>
<p>Vivimos en unas ciudades desbordadas no sólo por el crecimiento de los flujos informáticos, sino por esos otros flujos que sigue produciendo la pauperización y emigración de los campesinos, que generan la gran paradoja de que mientras lo urbano desborda la ciudad y permea crecientemente el mundo rural, nuestras ciudades viven un proceso de des-urbanización (Martín-Barbero, 1996) que nombra al mismo tiempo dos hechos: la ruralización de la ciudad al devolverle vigencia a viejas formas de supervivencia que vienen a insertar, en los aprendizajes y apropiaciones de la modernidad urbana, saberes, sentires y relatos fuertemente rurales; y la reducción progresiva de la ciudad que es realmente usada por los ciudadanos, pues perdidos los referentes culturales, insegura y desconfiada, la gente restringe los espacios en que se mueve y los territorios en que se reconoce, pues tiende a desconocer la mayor parte de una ciudad que es sólo atravesada por los trayectos inevitables.</p>
<p>Los nuevos modos urbanos de estar juntos se producen especialmente entre las generaciones de los más jóvenes, convertidos hoy en indígenas de culturas densamente mestizas en los modos de hablar y de vestirse, en la música que hacen u oyen y en las grupalidades que conforman, incluidas las que posibilita la tecnología informacional. Es lo que nos des-cubren a lo largo y ancho de América Latina las investigaciones sobre las tribus de la noche en Buenos Aires, los chavos-banda en Guadalajara o las pandillas juveniles de las comunas nororientales de Medellín.</p>
<p><strong>Lo que en la cultura desafía al mercado</strong><br />
Lo que hoy hace más compleja la estructura narrativa de las identidades es que se hallan trenzadas y entretejidas con una diversidad de lenguajes, códigos y medios que, si de un lado son hegemoneizados, funcionalizados y rentabilizados por lógicas de mercado, de otro lado abren posibilidades de subvertir esas mismas lógicas desde las dinámicas y los usos sociales del arte y de la técnica, y movilizan las contradicciones que tensionan las nuevas redes intermediales. Por más que los apocalípticos –del último Popper a Sartori– atruenen con sus trompetas nuestros ya fatigados oídos, ni la densidad de las visualidades y sonoridades de las redes sean sólo mercado y decadencia moral, son también el lugar de emergencia de un nuevo tejido social, y un nuevo espacio público, de un nuevo tejido de la sociabilidad: desde la contradicción que convirtió los perversos videos de Montesinos en la más mortal trampa para él y sus secuaces, y en un colosal instrumento de lucha contra la corrupción en Perú, hasta la resonancia y legitimidad mundial que la presencia en la Red del subcomandante Marcos ha generado para su utopía zapatista.</p>
<p>Ahí está el Foro Social-Mundial de Porto Alegre subvirtiendo el sentido que el mercado capitalista quiere dar a Internet, y contándonos por esa misma Red los extremos a que está llegando la desigualdad en el mundo, el crecimiento de la pobreza y la injusticia que la orientación neoliberal de la globalización está produciendo, especialmente, en nuestros países. Mientras Microsoft y otros buscan monopolizar las redes, mucha gente, que a la vez es una minoría estadística para la población del planeta, también se constituye en una voz disidente con presencia mundial; cada día más incómoda para el sistema y más aglutinante de luchas y búsquedas sociales, de experiencias sociales políticas y artísticas puestas en común.</p>
<p>Entonces, tanto o más que objetos necesitados de políticas, la comunicación y la cultura son tornadas por la globalización en un campo primordial de batalla política: el estratégico escenario que le exige a la política densificar su dimensión simbólica, su capacidad de convocar y construir ciudadanos para enfrentar la erosión que sufre el orden colectivo, que es lo que no puede hacer el mercado (Brunner en Estudios Públicos, 1990) por más eficaz que sea su simulacro. Pues el mercado no puede sedimentar tradiciones, ya que todo lo que produce “se evapora en el aire” dada su tendencia estructural a una obsolescencia acelerada y generalizada, no sólo de las cosas sino también de las formas y las instituciones.</p>
<p>El mercado no puede crear vínculos societales, esto es, verdaderos lazos entre sujetos, pues se constituyen en conflictivos procesos de comunicación de sentido, y el mercado opera anónimamente mediante lógicas de valor que implican intercambios puramente formales, asociaciones y promesas evanescentes que sólo engendran satisfacciones o frustraciones pero nunca sentido. El mercado no puede, en últimas, engendrar innovación social pues ésta presupone diferencias y solidaridades no funcionales, resistencias y subversiones, ahí lo único que puede hacer el mercado es lo que él sabe: cooptar la innovación y rentabilizarla.</p>
<p>Allí se sitúa justamente, la reflexión de Arjun Appadurai, para quien los flujos financieros, culturales o de derechos humanos, se producen en un movimiento de vectores que hasta ahora fueron convergentes por su articulación en el estado nacional pero que en el espacio de lo global son vectores de disyunción. Es decir que, aunque son coetáneos e isomorfos en cierto sentido, esos movimientos hoy potencian sus diversas temporalidades con los muy diversos ritmos que los cruzan en muy diferentes direcciones. Lo que constituye un desafío colosal para unas ciencias sociales que siguen todavía siendo profundamente monoteístas, creyendo que hay un principio organizador y compresivo de todas dimensiones y procesos de la historia. Claro que entre esos movimientos hay articulaciones estructurales pero la globalización no es ni un paradigma ni un proceso sino multiplicidad de procesos que se cruzan y se articulan entre sí, pero que no caminan todos en la misma dirección. Lo que se convierte para Appadurai en la exigencia de construir, pero a escala del mundo, una globalización desde abajo: que es el esfuerzo por articular la significación de esos procesos justamente desde sus conflictos, articulación que ya se está produciendo en la imaginación colectiva actuante en lo que él llama “las formas sociales emergentes” desde el ámbito ecológico al laboral, y desde los derechos civiles a las ciudadanías culturales.</p>
<p>En este esfuerzo juega un papel estratégico la imaginación social, pues la imaginación ha dejado de ser un asunto de genio individual, un modo de escape a la inercia de la vida cotidiana o una mera posibilidad estética, para convertirse en una facultad de la gente del común que le permite pensar en emigrar, en resistir a la violencia estatal, en buscar reparación social, en diseñar nuevos modos de asociación, nuevas colaboraciones cívicas que cada vez más trascienden las fronteras nacionales. Appadurai escribe textualmente: “Si es a través de la imaginación que hoy el capitalismo disciplina y controla a los ciudadanos contemporáneos, sobre todo a través de los medios de comunicación, es también la imaginación la facultad a través de la cual emergen nuevos patrones colectivos de disenso, de desafección y cuestionamiento de los patrones impuestos a la vida cotidiana. A través de la cual vemos emerger formas sociales nuevas, no predatorias como las del capital, formas constructoras de nuevas convivencias humanas (2000).</p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://chasquirevista.files.wordpress.com/2008/06/firmabarbero1.jpg"><img class="size-medium wp-image-34 alignright" style="float:right;" src="http://chasquirevista.files.wordpress.com/2008/06/firmabarbero1.jpg?w=153&#038;h=113" alt="firmamart�n-barbero" width="153" height="113" /></a></p>
<p><strong>Referencias:</strong></p>
<ul>
<li>Alfaro, Rosa María y otros. Redes solidarias, culturas y multimedialidad. Quito: Ocicc-AL/Uclap, 1998.</li>
<li>Appadurai, A. “Grassroots Globalization and the Research Imagination”, Public Culture # 30. Duke University Press, 2000.</li>
<li>Bayardo, Ruben y Mónica Lacarrieu (Comp.). Globalización e identidad cultural. Buenos Aires: Ciccus, 1997.</li>
<li>Bhabha, Homi K. (Ed.). Nation and narration. London: Routledge, 1977.</li>
<li>Brunner, José Joaquín. “Cambio social y democracia” en Estudios Públicos # 39, Santiago: 1990.</li>
<li>Brunner, José Joaquín. Bienvenidos a la modernidad. Santiago: Planeta, 1994.</li>
<li>Calderón, Fernando y otros. “Esa esquiva modernidad: desarrollo, ciudadanía y cultura en América Latina y el Caribe”. Nueva Sociedad. Caracas: 1996.</li>
<li>Delgado, E. “Cultura, territorio y globalización” en Martín-Barbero/F. López (coords.) Cultura y región. Bogotá: CES-Universidad Nacional, 2000.</li>
<li>Escobar, Arturo. El final del salvaje. Naturaleza, cultura y política en la antropología contemporánea. Bogotá: ICAN/CEREC, 1999.</li>
<li>Finquelevich, Susana (coord.). Ciudadanos a la red! Los vínculos sociales en el ciberespacio. Buenos Aires: Ciccus/La crujía, 2000.</li>
<li>Fraser, Nancy. “Redistribución y reconocimiento”, en Justitia interrupta. Reflexiones críticas desde la posición `postsocialista´. Bogotá: Siglo del Hombre, 1998.</li>
<li>García Canclini, Néstor. Culturas híbridas. México: Grijalbo, 1990.</li>
<li>García Canclini, Néstor. Las culturas populares en el capitalismo. México: Nueva Imagen, 1982.</li>
<li>Giménez, Gilberto y Ricardo Pozas (Coords.). Modernización e identidades sociales. México: UNAM, 1994.</li>
<li>Margulis, Mario y otros, La cultura de la noche. Vida nocturna de los jóvenes en Buenos Aires. Buenos Aires: Espasa Hoy, 1994.</li>
<li>Marinas, José Miguel. “La identidad contada”, en Destinos del relato al fin del milenio. Valencia: Archivos de la Filmoteca, 1995.</li>
<li>Martín-Barbero, Jesús. “De la ciudad mediada a la ciudad virtual”, TELOS #44. Madrid: 1996.</li>
<li>Mato, D. y otros. América Latina en tiempos de globalización: procesos culturales y transformaciones sociopolíticas. Caracas: Unesco/U.C.V, 1996.</li>
<li>Nora, Pierre. Les lieux de memoire, Vol. lll. París: Gallimard, 1992.</li>
<li>Quintero Rivera, Ángel. Salsa, sabor y control. México: Siglo XXI, 1998.</li>
<li>Reguillo, Rossana. En la calle otra vez. Las bandas: identidad urbana y usos de la comunicación. Guadalajara: Iteso, 1991.</li>
<li>Rojo Arias, Santiago. “La historia, la memoria y la identidad en los comunicados del EZLN” en Identidades, número especial de Debate feminista. México: 1996.</li>
<li>Rowe, William y Vivian Scheling. Memory and Modernity. Popular culture in Latin America. London: Verso, 1991.</li>
<li>Salazar, Alonso. No nacimos p’a semilla. La cultura de las bandas juveniles en Medellín. Bogotá: Cinep, 1990.</li>
<li>Sánchez Botero, Ester. Justicia y pueblos indígenas de Colombia. Bogotá: U. Nacional/Unijus, 1998.</li>
<li>Schwarz, Roberto. “Nacional por sustracción” en Revista Punto de vista #28. Buenos Aires: 1987.</li>
<li>Taylor, Charles. Multicultualismo. Lotte per il riconoscimento. Milan: Feltrinelli, 1998.</li>
<li>Touraine, A. Critique de la modernité. París: Fayard, 1992.</li>
<li>VV.AA. Redes, gestión y ciudadanía. Quito: OCLAACC/Abyayala, 2002.</li>
</ul>
<p>Abajo un video con Martín-Barbero sobre la ciudad y la modernidad, realizado por la Universidad del Valle, de Cali, Colombia</p>
<p><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://chasquirevista.wordpress.com/2008/06/17/comunicacion-una-agenda-entre-nuestras-culturas/"><img src="http://img.youtube.com/vi/B6YIGpVOnw0/2.jpg" alt="" /></a></span></p>
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	</item>
		<item>
		<title>Los medios, las políticas, las redes y la heterogeneidad</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jun 2008 19:49:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chasquirevista</dc:creator>
				<category><![CDATA[El personaje]]></category>
		<category><![CDATA[novedades Martín-Barbero]]></category>

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		<description><![CDATA[El pasado 8 de mayo, Jesús Martín-Barbero acudió a Barcelona, invitado por la Cátedra UNESCO de Comunicación InCom-UAB, en donde propuso algunas claves para la investigación en comunicación y cultura, elementos indisociables, pero que lastimosamente las instituciones separan. Así, el autor de De los medios a las mediaciones dijo, además, que no se pueden investigar [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=chasquirevista.wordpress.com&blog=2847369&post=29&subd=chasquirevista&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>El pasado 8 de mayo, Jesús Martín-Barbero acudió a Barcelona, invitado por la Cátedra UNESCO de Comunicación InCom-UAB, en donde propuso algunas claves para la investigación en comunicación y cultura, elementos indisociables, pero que lastimosamente las instituciones separan. Así, el autor de De los medios a las mediaciones dijo, además, que no se pueden investigar las políticas culturales y de comunicación sin hacer referencia a la política y sus procesos.</p>
<p>&#8220;Hay que investigar lo que nos dé esperanza, y como dijo Benjamin, la esperanza se nos da a través de los desesperados: hoy hay muchos desesperados en América Latina con gran imaginación y buscando una transformación radical de lo que es hacer política.&#8221;, por ello considera que en la región los cambios producidos durante las últimas décadas se han fundamentado en la relación existente entre política y tecnología, política y territorio, y comunicación y cultura.</p>
<p><span id="more-29"></span></p>
<p>&#8220;Mientras la política se convierte en una máquina administrativa y electoral y se vacía de contenidos, la tecnología cada vez adquiere más capacidad de cuestión y reflexión&#8221;, pues sólo ha sido pensada como cultura en el último cuarto de siglo al evidenciarse que, como ya había afirmado Heidegger, la esencia de lo tecnológico no es algo técnico sino el modo como el hombre se produce a sí mismo, ejemplo de ello son todos los estudios últimos acerca de tecnología, ciencia y arte, aglutinados en lo que se denominan cibercultura, tecnociencia, tecnocultura y sociedad de la información y del conocimiento.</p>
<p>Ahora bien, la relación entre política y territorio también ha mutado, pues &#8220;las únicas políticas que actualmente merecen llamarse públicas son las ejercidas desde los municipios y ciudades. Un factor clave es la transformación profunda de los centros cívicos, donde se están pensando las políticas culturales desde lo social&#8221;.</p>
<p>Jesús Martín Barbero afirmó que ha habido un desplazamiento del actor central en las políticas culturales, que si bien antes era el Estado nación, ahora lo es el municipio y su vida social; de esta manera establece una descentralización hacia los sectores que realmente ejercen su poder desde la experiencia directa, pues, además, “sin la mediación de la política local, la que viene de arriba será difícil de encajar&#8221;, acotó.</p>
<p>Esta descentralización o desplazamiento desde el Estado como actor central hacia los gobiernos locales y las comunidades, configuran las redes en las que se inscriben y desarrollan los medios comunitarios, que son un agente social que piensa su lugar y lo transmite, generando procesos de ciudadanía y creando tejidos que suponen una reinvención de la democracia. &#8220;No podemos investigar los medios de comunicación comunitarios fuera del nuevo paradigma de la comunicación: la red, la interfaz o los nodos”.</p>
<p>Se refirió, asimismo a lo que se hacía en la década de los sesentas al estudiar la comunicación y ello radicaba en tener como objeto de estudio a los medios como aparatos discursivos del poder, como reproductores sociales, y no como productores o parte constitutiva de las culturas, por ello, instó a no confundir a las industrias culturales con la legitimidad del mercado, pues no es simple y puramente un producto del mercado sino también de la política.</p>
<p>Así, las políticas culturales no deben ser pensadas fuera de los procesos de comunicación, que son asimétricos y conflictivos, tal como sucede en las relaciones entre culturas, pues una siempre quiere dominar a la otra y no hay que olvidar que &#8220;una cultura sólo es tenida en cuenta por otra si la otra sabe contarse, la identidad no es un hecho sino un relato. Las culturas permanecen vivas mientras se comunican entre ellas, siendo la comunicación una dimensión constitutiva de la vida cultural y no sólo su exhibición”. Por ello, querer proteger o conservar la cultura implica enlatarla, y por ende matarla. &#8220;Necesitamos políticas de difusión, pero no son el elemento más profundo. La información también ha de concebirse como herramienta, materia prima de conocimiento y de toma de decisiones”.</p>
<p>Al referirse nuevamente a los cambios tecnológicos, instó a pensar los medios de comunicación como parte de un entorno comunicativo más amplio compuesto por la información y el conocimiento. &#8220;No debemos confundir el mercado con la mediación industrial, de la misma manera que no podemos confundir el consumo pasivo con el apropiacionista, en ambos la casos la diferencia estriba en la capacidad de transformación&#8221;. Por ello se hace evidente la educación en medios huyendo de concepciones instrumentalistas para favorecer el consumo activo, esto es, la apropiación y el empoderamiento desde la heterogeneidad que produce el sector donde crece la creatividad.</p>
<p>&#8220;Lo público ha sido fagocitado por lo estatal provocando la decadencia de lo social y de su heterogeneidad. Ante medios de comunicación ventrílocuos necesitamos políticas que permitan la expresión de otras voces. El desafío fundamental de las políticas públicas es plantearse la heterogeneidad de lo social.&#8221;</p>
<p>Con este preámbulo, invitamos a conocer y adentrarnos más en la obra de este pensador e investigador, que ha ido evolucionando con los movimientos sociales, la tecnología y la naturaleza humana.</p>
<p>Redactado sobre la base de los textos encontrados en el <a title="Portal de la Comunicación. Cátedra Unesco" href="http://www.portalcomunicacion.com/barcelona/esp/croniques.asp" target="_blank">portal de la comunicación</a>.</p>
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	</item>
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		<title>Trabajos académicos</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jun 2008 19:47:18 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[El personaje]]></category>
		<category><![CDATA[bibliografía Martín-Barbero]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://chasquirevista.wordpress.com/?p=27</guid>
		<description><![CDATA[Publicaciones propias

Comunicación masiva: discurso y poder. Ciespal, Quito. 1978
Comunicación educativa y didáctica audiovisual. SENA, Cali. 1979.
Introducción al análisis de contenido. Incisex, Madrid. 1981.
De los medios a las mediaciones. G. Gili, Barcelona. 1987.
Procesos de comunicación y matrices de cultura. G. Gili, México. 1989.
Televisión y melodrama. Tercer Mundo, Bogotá. 1992.
Communication, Culture and Hegemony. Sage, London. 1993.
&#8220;Dinámicas urbanas [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=chasquirevista.wordpress.com&blog=2847369&post=27&subd=chasquirevista&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><strong>Publicaciones propias</strong></p>
<ul>
<li><em>Comunicación masiva: discurso y poder</em>. Ciespal, Quito. 1978</li>
<li><em>Comunicación educativa y didáctica audiovisual</em>. SENA, Cali. 1979.</li>
<li><em>Introducción al análisis de contenido</em>. Incisex, Madrid. 1981.</li>
<li><em>De los medios a las mediaciones</em>. G. Gili, Barcelona. 1987.</li>
<li><em>Procesos de comunicación y matrices de cultura</em>. G. Gili, México. 1989.</li>
<li><em>Televisión y melodrama</em>. Tercer Mundo, Bogotá. 1992.</li>
<li><em>Communication, Culture and Hegemony</em>. Sage, London. 1993.</li>
<li>&#8220;Dinámicas urbanas de la cultura&#8221;, en:<em> Comunicación y espacios culturales en América Latina</em>. Bogotá, cátedra UNESCO de Comunicación Social– Pontificia Universidad Javeriana. 1994.</li>
<li><em>Pre-textos: conversaciones sobre la comunicación y sus contextos</em>. Univalle, Cali. 1995.</li>
<li><em>Mapas nocturnos.</em> Siglo del Hombre Editores, Bogotá. 1998.</li>
<li><em>Los ejercicios del ver. Hegemonía audiovisual y ficción televisiva</em>. Con Germán Rey. Gedisa, Barcelona, 2007.</li>
</ul>
<p><strong> Coordinación </strong></p>
<ul>
<li><em>Comunicación y culturas populares en Latinoamérica</em>. G. Gili, México. 1987</li>
<li><em>Recepción, uso de medios y consumo cultural.</em> Nº 34 DIA-LOGOS de la Comunicación, Lima. 1991.</li>
<li><em>Proyectar la comunicación</em>. Con A. Silva. Tercer Mundo, Bogotá. 1997.</li>
<li><em>Medios, Cultura y Sociedad</em>. Con Fabio López. CES/Univ. Nacional, Bogotá. 1998.</li>
</ul>
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	</item>
		<item>
		<title>“Mediador” colombo-ibérico</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jun 2008 19:42:14 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[El personaje]]></category>
		<category><![CDATA[biografía Martín-Barbero]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://chasquirevista.wordpress.com/?p=26</guid>
		<description><![CDATA[Jesús Martín Barbero es colombiano a pesar de haber nacido en la española ciudad de Ávila en el año de 1937. Aunque apenas en el 2004 obtuvo la nacionalidad, ya desde 1963, cuando llegó a Bogotá, inició su comprensión de un mundo nuevo de símbolos, mensajes y espacios que lo configurarían como colombiano y un [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=chasquirevista.wordpress.com&blog=2847369&post=26&subd=chasquirevista&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Jesús Martín Barbero es colombiano a pesar de haber nacido en la española ciudad de Ávila en el año de 1937. Aunque apenas en el 2004 obtuvo la nacionalidad, ya desde 1963, cuando llegó a Bogotá, inició su comprensión de un mundo nuevo de símbolos, mensajes y espacios que lo configurarían como colombiano y un verdadero latinoamericano que ha hecho de esta región su base de estudios y su referente para generar pensamiento.</p>
<p><span id="more-26"></span>“Me asomé por primera vez a este país (Colombia) desde la ventanilla del avión, un 15 de octubre del año 63, en medio de un aguacero que difuminaba el atardecer de la sabana y volvía imprecisos los contornos del paisaje. De la travesía por la ciudad hasta el hotel, solo me queda el recuerdo del mareo producido por la velocidad zigzagueante del taxi, y unas fugaces imágenes de gente guareciéndose de la lluvia debajo de los aleros, vestidos con una prenda cuyo nombre aprendería al día siguiente: la ruana”, confiesa en una entrevista con Omar Rincón.</p>
<p>En Lovaina se doctoró en Filosofía y Letras, luego se interesó por la Semiótica y la Antropología en la Universidad de París. Con todo ese conocimiento humanista, Jesús Martín Barbero se dedicó a la docencia universitaria en varios centros europeos y latinoamericanos, a la investigación de los fenómenos mediáticos como las telenovelas y a la construcción y aplicación de la ciencia comunicativa.</p>
<p>“Al día siguiente en la cafetería del hotel experimentaría el primer extrañamiento, justo allí donde creería mejor reconocerlo: el idioma, La chica que servía el desayuno me preguntó: “¿le provoca un perico?”, ante lo cual yo quedé físicamente mudo, pues en mi castellano de la vieja Castilla, provocar significaba “incitar a pelear o dar nauseas”, y un perico era “un loro”. O sea que los parecidos resultaron, desde ese primer día, dementes, tramposos, por lo que aprendí rápidamente que si en este otro lado del charco las semejanzas con la madre patria eran grandes, las diferencias lo eran mucho más.”</p>
<p>Este abrupto contacto cultural marcó la visión y el posterior trabajo de este peninsular que se quedaría en Colombia hasta 1968 para luego regresar en 1973 e iniciar el desarrollo de sus investigaciones sobre comunicación y ser uno de los fundadores de la denominada Escuela Latinoamericana.</p>
<p>La cultura popular, sus expresiones y configuración mediante los melodramas ha sido uno de los ejes del trabajo de Jesús Martín Barbero, quien edificó y solidificó las bases de los estudios comunicativos no solo en Colombia, sino en Costa Rica y México, países en donde ha participado como docente e investigador.</p>
<p>De los medios a las mediaciones ha sido su obra insigne, pero no la única, pues constantemente produce textos complementarios y obras nuevas en torno a la educación, la tecnología, las ciudades y los medios.</p>
<p>Actualmente vive en Colombia y viaja por Iberoamérica dictando charlas y participando en encuentros; continúa analizando la realidad y configurando más la ciencia de la comunicación y comprendiendo de mejor manera a nuestro continente, que es suyo también.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Homenaje a Jesús Martín-Barbero</title>
		<link>http://chasquirevista.wordpress.com/2008/06/05/homenaje-a-jesus-martin-barbero/</link>
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		<pubDate>Thu, 05 Jun 2008 20:12:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chasquirevista</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novedades]]></category>
		<category><![CDATA[102]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Martín-Barbero]]></category>

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		<description><![CDATA[Amigos lectores de Chasqui, la edición de junio está próxima a circular. Estamos trabajando en el diseño y ya hemos recabado todos los textos que tienen que ver con la obra y el aporte a la comunicación de Jesús Martín-Barbero, quien nos envió desde España un texto que avizora la investigación en América para los [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=chasquirevista.wordpress.com&blog=2847369&post=23&subd=chasquirevista&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><a href="http://chasquirevista.files.wordpress.com/2008/06/portada-102.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-22" src="http://chasquirevista.files.wordpress.com/2008/06/portada-102.jpg?w=225&#038;h=300" alt="Portada Chasqui 102" width="225" height="300" /></a>Amigos lectores de <strong>Chasqui</strong>, la edición de junio está próxima a circular. Estamos trabajando en el diseño y ya hemos recabado todos los textos que tienen que ver con la obra y el aporte a la comunicación de Jesús Martín-Barbero, quien nos envió desde España un texto que avizora la investigación en América para los años siguientes.</p>
<p>A continuación les entregamos un extracto del texto del profesor Martín-Barbero, que estará en Chasqui 102, no olvide de conseguirla.<span id="more-23"></span></p>
<p><strong>Comunicación:<br />
Una agenda entre nuestras culturas</strong></p>
<p>Jesús Martín-Barbero</p>
<p><em>Las identidades ciudadanas en los procesos de desarrollo</em><br />
Entre los años sesentas y setentas se gesta una concepción del desarrollo que lo convierte en una especie de entorno cognitivo y horizonte social desde donde pensar y hacer política, con los que se reinterpretaba el pasado y se diseñaba el futuro. “Parecía imposible conceptualizar la realidad social en otros términos (…) con lo que la realidad era así colonizada por el discurso” (Escobar, 1999); un discurso que anulaba la distancia indispensable para pensar el desarrollo, no como proceso de la realidad sino como discurso desde el cual era percibida. De esa manera, el discurso del desarrollo se transformó en la mirada desde la que se veían subdesarrollados los habitantes de los países del –entonces llamado– tercer mundo y desde la que, por lo tanto, se veían uniformados sin el menor respeto por el espesor de sus diferencias.</p>
<p>Pensada desde el desarrollo, la transformación de nuestras tradicionales sociedades en modernas entrañó dejar por fuera sus más propias expresiones y diferencias culturales tacahadas de supersiticiones. El modelo desarrollista de modernización de los años sesentas y setentas no supo ni pudo percibir, y aun menos valorar, la diversidad de culturas desde las que estos países buscaban hacerse modernos.<br />
La manera como opera hoy el discurso de la globalización no hace sino reforzar aquella colonización del pensamiento y de la acción política que comenzó con el proceso de la modernización desarrollista: tampoco ahora parece pensable la sociedad en su conjunto sino en cuanto objeto de la acción globalizadora que ha pasado a impregnar tanto nuestras categorías mentales como los proyectos políticos. Apoyada en sus dimensiones tecno-económicas, la globalización pone en marcha un proceso de interconexión a nivel mundial, que conecta todo lo que instrumentalmente vale –países, empresas, instituciones, individuos– al mismo tiempo que desconecta todo lo que no vale para esa razón mercantil.</p>
<p>Hoy, lo nuevo es que ese proceso de inclusión/exclusión a escala planetaria está convirtiendo a la cultura en espacio estratégico de compresión de las tensiones que desgarran y recomponen el “estar juntos”, y, en lugar de anudamiento de todas sus crisis: sean políticas económicas o religiosas. Es entonces, desde la diversidad cultural de las historias nacionales y los territorios regionales, desde las etnias y otras agrupaciones locales, desde las distintas experiencias y las memorias, desde donde no sólo se resiste sino que se negocia e interactúa con la globalización, y desde donde se acabará por transformarla. Pues lo que hoy galvaniza a las identidades como motor de lucha es inseparable de la demanda de reconocimiento y de sentido (Taylor). Y ni el uno ni el otro son formulables en meros términos económicos o políticos, ya que ellos se hallan referidos al núcleo mismo de la cultura en cuanto mundo del pertenecer a y del compartir con. Razón por la cual, como lúcidamente ha planteado Castells, la identidad se constituye hoy en la fuerza más capaz de introducir contradicciones en la hegemonía de la razón instrumental. [...]</p>
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