En busca del cronista mayor

Un charla con Germán Castro Caycedo

Para el cronista viajar es una conexión indisociable con la escritura, por ello, no es fácil encontrarlo en un sitio fijo, siempre está moviéndose, conociendo gente, descubriendo historias. La ubicuidad es el don más importante de los cronistas, junto con el poder de conversación y de observación.

Encontrar al mayor representante de la crónica latinoamericana es fácil, pues además de sus constantes periplos, la comunicación virtual del correo electrónico no es afortunada, aunque esté permanentemente en la red social de Facebook con su perfil, grupos de admiradores y seguidores y un espacio dedicado a su último libro. Un celular nunca se encontró y varios correos no fueron suficientes. El hombre sabe cómo esconderse y, al mismo tiempo, estar presente: cualidad de un buen cronista, también, para pasar desapercibido e integrarse como alguien más de la comunidad, del paisaje, del entorno…

Pero luego de una gran odisea se pudo establecer el lazo con el hombre que mejor ha contado la realidad de su país, al heredero de Martí y de Rubén Darío, pero también al seguidor de la metodología usada por Malinowski para comprender la cultura del otro.

Germán Castro Caycedo está de viaje e hizo un alto para hablar con Chasqui de lo que mejor sabe: la crónica.

Las fotos lo muestran siempre risueño, y su voz confirma esa postura ante la vida, a pesar de que denota una carraspera típica del cachaco (serrano, del altiplano, etc.), su tono da confianza y serenidad para conversar amigablemente de cualquier tópico.

Don Germán, hace unos meses se reunieron en torno a la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano para hablar de los nuevos cronistas de Indias…
No hay nuevo periodismo, ni nuevos periodistas: lo que existen son nuevos temas. La crónica nació con la llegada de los conquistadores a América, nació con el descubrimiento, a través de los cronistas de Indias.

Entonces la crónica es la misma…
La crónica ha evolucionado permanentemente hasta que ahora se la conoce como el reportaje, que fue acuñado en Colombia por un periodista que en París escuchó el término “reportage”, entonces dijo no le digamos crónica si no reportaje, porque crónica suena a indios y nosotros somos blancos. Este es un país racista, poblado por un mestizaje vergonzante. Entonces le pusieron reportaje pero es lo mismo que la crónica.

¿El Nuevo Periodismo es nuestra crónica?
Ese término es de los Estados Unidos. Nosotros hacemos crónicas por más de cinco siglos. El Nuevo Periodismo no tiene nada que ver con Colombia –y por ende, ni con América Latina- (nota del editor), como no tiene nada que ver con Colombia el Realismo Mágico, que es el título de un libro crítico de pintura, escrito por el 1800 en Alemania. Se refiere a una escuela de pintura alemana…

Por lo que esperamos que desde fuera nos digan qué es lo que somos, nos etiquetan desde allá y no lo hacemos nosotros.
Al menos en Colombia, que es un país sin identidad; un país que ha creído que el nacimiento y el fin de la cultura es Miami y todo lo copian de allí… El problema de Colombia es esa falta de identidad cultural.

Refiriéndonos al oficio del cronista, ¿cuánto le sirvió a usted haber pasado esos tres años estudiando Antropología. Le sirvieron las técnicas de entrada de campo, de observación…?
Básicamente fue eso: las técnicas de observación de campo, la metodología para identificar lo que son las culturas, para reconocer y ubicar los parámetros con los cuales se define la cultura. Yo he encontrado, por ejemplo, en Ecuador a los huaorani, que fueron contactados por monseñor Alejandro Labaka Ugarte. Ellos son gente mucho más culta que los mestizos que vamos por allá, porque conocen más su tierra, su entorno; conocen más su propio ser que nosotros mismos, conocen más su cosmogonía. Son más cultos que nosotros.

Con esta experiencia, ¿sería una buena recomendación desarrollar más estas técnicas de entrada al campo y de observación en lugar de como se vienen presentando las materias de investigación en las facultades de Comunicación?
Obviamente es muchísimo más importante y es algo que no enseñan en las facultades de Comunicación, a pesar de que en nuestros países la crónica tiene una tradición de más de cinco siglos. Y es curioso, porque a pesar de que copiamos mucho de fuera, en Europa, hace dos siglos, se dieron cuenta de que el periodismo tiene que surgir con el resto de la índole de cada pueblo, conocerse y verse a sí mismo, es decir, mirando para quienes se escribe, a cuentas de hacer un buen periodismo. Eso es lo que he hecho en mis reportajes, que incluyen entrevistas, crónicas, investigación…

Los medios que privilegian la inmediatez de la información están matando a la crónica y al reportaje?
Desde luego que sí. Hace dos décadas, los diarios en mi país acordaron que la única forma como podían contrarrestar a la inmediatez de la radio y la televisión era yendo hacia lo que hacían las revistas y los libros. Pero ahora han hecho lo contrario: se dedican a dar una serie de “flashes” que son noticias de radio y televisión. La noticia es informar qué sucedió. La crónica y el reportaje es decir por qué sucedió, cómo sucedió, dónde sucedió.

¿Cómo ubicar la crónica frente a estos medios, por qué no encontramos muchos cronistas audiovisuales?
Tampoco se han desarrollado. Yo hice crónica en televisión durante 20 años, o reportajes que es lo mismo. Pero había en esa época algo. En Europa, desde luego sigue haciéndose. En Colombia no se hace porque dicen que como están grabando todo… Entonces para qué más.

Frente a Internet, cómo ve el desarrollo de la crónica.
Internet tiene el mérito de que todos se vinculan al periodismo, todo el mundo da información, pero no toda es confiable. Muy poco de lo que se encuentra en Internet es para fiarse de ello. No hay duda de que allí todo el mundo está volcado a generar información, pero hay que tener cuidado.

Frente a ese gran consumo,¿ por qué no hay desarrollo de crónica para Internet?
Porque esos escritores, esos informadores no tienen la formación en periodismo, de cronistas, principalmente. Yo no consulto mucho Internet porque no me da confiabilidad y porque los principios del periodismo dicen que hay que ir donde ocurren las cosas, conocer a la gente y sus costumbres. Y eso no me lo da Google; allí no encuentro cómo me sentiría en la selva; tengo que estar allá para sentirlo, no encontrarlo en un buscador. Para mí Internet no es de gran ayuda porque no es lo mismo buscar huaorani en Google, capaz que sale salvajes y en nada lo son. Tengo que buscar al huaorani en el Curaray y vivir 15 días con ellos, con el amigo de monseñor Labaka, por ejemplo, conocer su forma de vida, su jornada de trabajo y hablar con él, comprender cómo es su vida y escuchar sus historias, por ejemplo la de la muerte de su padre para comprenderlos como pueblo guerrero.

Pero ¿cómo cautivar a los nuevos lectores que consumen medios audiovisuales y que todo lo quieren encontrar en la Red?
Pues hay que hacer lo mismo para escribir un libro. Hay que conocer la realidad de primera mano, conocer las costumbres que son diferentes a uno y aceptar que hay culturas diferentes y no juzgarlas desde la concepción de uno. Debemos romper ese etnocentrismo y esa ignorancia de querer juzgar a los demás desde nuestra cultura. Y hay que usar la misma técnica y metodología para escarbar en la realidad, nada más.

Si la cultura del latinoamericano está en la crónica, y los medios copian estos “flashes” informativos, por qué no construir historias de largo aliento y que los medios no salgan diariamente…
No sé qué opinen los directores de los medios. A mí me da la impresión de que ellos cortaron con el ayer y se dedicaron a copiar lo que se hace en Miami. Ahora en el periodismo es más importante decir qué pasó, pero por la inmediatez se produce una serie de errores porque no hay tiempo de confirmar nada.

¿Cuánto tiempo madura una crónica?
El libro que escribí parte en Ecuador y parte en España, sobre monseñor Labaka. Me tomó un año y medio. Primero fui a conocer Guipúzcoa, en el País Vasco, donde él nació; viví las costumbres de esa nación, entendí las costumbres en torno a las cuales creció monseñor y luego fui al Ecuador, para vivir en los sitios que él vivió. Lo viví en cada lugar. Eso duró año y medio.

Pero las crónicas en los medios diarios, son como incompletas, como un ejercicio al que le falta terminar, llegar a una conclusión…
Una crónica como esta de los huaorani, que hice, si un director de periódico quiere publicarla, debe enviar por lo menos 20 días a un muchacho para que viva un poquito la realidad y luego la escriba. El periodismo del consumo diario no es un periodismo de fondo.

Existen publicaciones, principalmente revistas que fomentan la crónica, como Gatopardo, Etiqueta Negra o Soho…
Sí, son importantes. Yo colaboré con Gatopardo por mucho tiempo. Por ejemplo, mientras yo estaba escribiendo Candelaria, esa historia termina en el Ártico, en el círculo polar, en Rusia, entonces tenía que irme hasta allá, y la gente de Gatopardo me dijo “ya que te vas por allá, por qué no nos haces una crónica de los indios esquimales de esa parte del mundo”. Y me fui para allá y estuve con ellos, con los esquimales, conociendo sus costumbres. Y eso no se encuentra en Internet. En el buscador no existe cómo es la noción del tiempo o cómo describen los colores cuando hay oscuridad o luz durante las 24 horas, eso hay que vivirlo, estar allí.

Hay algunos editores de medios impresos que dicen que las descripciones aburren al lector, que no hay que describir sino mencionar…
Si el editor es un gran periodista no va a decir eso, además tampoco se trata de describir mucho, sino de dar tres o cuatro plumazos bien vividos.

¿Cómo está usted frente a la tecnología, cómo se puede la utilizar para la crónica?
Yo estoy muy bien frente a la tecnología. He sido de los primeros periodistas en mi país que ha usado computadora. Solo he escrito dos libros en máquina de escribir, los demás, dieciséis, los he hecho en computadora. La crónica tiene su metodología y para Internet, radio o televisión es el mismo trabajo de campo, el mismo sistema que para escribir para un diario o una revista. Yo he sido de los primeros periodistas que ha usado computador, pero no uso Google para conocer la realidad.

¿Por qué no ha vuelto a la televisión?
Porque luego de 20 años era necesario cambiar, a pesar de que estaba muy contento. Preferí dedicarme solo a escribir libros y trabajar para mí.
¿No ha tenido la intención de hacer un documental extenso o una película?
No, no, pero voy a volver a la televisión en un canal local de Bogotá, que se llama Canal Capital. Ya he trabajado dos meses y voy a regresar a editar. Son historias de ciudad. Inicialmente arranco con grupos de jóvenes como los hip hop, skinheads, los grafiteros, todos estos jóvenes que han copiado de los Estados Unidos y no sé hasta qué punto lo que están haciendo sea una manifestación de su manera de ser.

En un mes regresará a Bogotá para continuar con su trabajo audiovisual de descubrir nuevas culturas urbanas; luego de haber hecho un alto de dos décadas en la televisión. Desde mañana será más ubicuo e inencontrable, pero de seguro estará observando realidades, comprendiendo culturas y conversando con la gente para luego entregarnos una crónica o un reportaje, que para él son lo mismo, y así, entender a quienes son diferentes a nosotros, pero iguales en humanidad, pues los cronistas nos han relatado muchas aventuras y sucesos, pero nos cuentan los temas de siempre del ser humano: amor, odio, venganza, alegría… En fin, en todo aquello en lo que nos parecemos.

Julio 2008

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